Se dice que en la primera vuelta se elimina y en la segunda se escoge. En ello están los franceses. ¿Qué datos pueden alimentar las previsiones de la segunda vuelta, aparte de los sondeos, hoy favorables a Hollande, y que pueden equivocarse?

Hollande obtiene tres puntos más que la candidata socialista de 2007, Segoléne Royal. Las izquierdas -partido socialista, verdes, partido de Izquierda- suman 43,76%, mucho más que en 2007, donde alcanzaban solo el 32 %, con una extrema izquierda mucho más fuerte, más del 6%. No existía en 2007 la reserva de votos del Partido de izquierda del 11%, con una estimación de voto a Hollande del 90%. El progreso es notable y además el haber salido encabezando la elección es un plus indiscutible para Hollande.

Sarkozy está a solo 500.000 votos de Hollande y trata de obtener la adhesión de los electores de Marine Le Pen. Sumando todas sus fuerzas, la derecha representa el 48,06% de los votos. En 2007 su total era de 44,93%. Marine Le Pen ha anunciado que en su discurso del primero de Mayo dará sus consignas de voto. Pero los sondeos dicen que solo el 60% de sus electores están dispuestos a votar Sarkozy. Porque en la estructura del voto de extrema derecha existe, como siempre, una amplia base de obreros, de marginados, de gente que padece la crisis y puede culpar a la inmigración, pero no puede visceralmente votar por Sarlozy. Por otra parte, la situación de Marine Le Pen ante las elecciones generales de junio es inmejorable en relación al partido de Sarkozy. La derrota de éste podría ser el camino real para Marine Le Pen. Luego vendrá la decisión de Bayrou. Entre sus electores un tercio dice que votarían a Sarkozy, otro tercio que votaría a Hollande y un tercio no se pronuncia. Por lo tanto, todo está abierto y los quince días e campaña serán cruciales.

La derechización más acentuada de Sarkozy puede quitarle votos centristas. El debate pedido por Sarkozy (pero rechazado por Hollande) puede tener incidencia. Pero también existe un factor psicológico importante: el rechazo frontal a la personalidad de Sarkozy, por parte de una holgada mayoría de franceses.