Decidir si lo alcanza o no corresponde al juicio subjetivo de cada espectador. A la hora de su valoración habrá una clara diferencia entre los que han leído esta obra literaria y los que no. La novela recoge cuatro cuentos ambientados en la posguerra civil española, aparentemente independientes, cuyas historias quedan finalmente entrelazadas. El primero, el de un capitán del ejercito de Franco que, el mismo día de la Victoria, renuncia a ganar la guerra; el segundo, un niño poeta que huye asustado con su compañera niña embarazada y vive una historia vertiginosa de madurez y muerte en el breve plazo de unos meses; el tercero, un preso en la cárcel de Porlier que se niega a vivir en la impostura para que el verdugo pueda ser calificado de tal; por último, un diácono rijoso que enmascara su lascivia tras el fascismo apostólico que reclama la sangre purificadora del vencido. Pero la película sólo recoge la adaptación de dos de los relatos, el segundo y el cuarto. Concede a este último, el más largo, ser el argumento central de la historia. Y el segundo, el dedicado a la huida de los adolescentes lo incorpora como un complemento al hilo argumental.

El resultado, siendo impecable, nos deja insatisfechos. Las expectativas las habíamos situado muy elevadas y claramente alejadas de las exigencias de lo comercial y más cercanas a los valores literarios del texto de la novela. Se sustituye en muchas ocasiones lo sutil por lo explícito. En todo momento hay que destacar la ambientación de la época y de una manera especial la magnífica interpretación de Maribel Verdú.

Esta película, como el libro, es la recuperación de historias reales de la posguerra que contaron en voz baja nuestros mayores. Historias de los tiempos del silencio, de cuando daba miedo hablar de los amigos, de familiares desaparecidos y de las ausencias irreparables.

¡Gracias por no olvidar!