En un mes de mayo, muchos jóvenes que, por edad, podrían ser los nietos de las generaciones que vivieron el espíritu del 68, empezaron a protagonizar un movimiento social que, en mi opinión, puede llegar a tener más alcance que el del 68. Casi medio siglo después del mayo francés, son muchas las cosas que han cambiando en nuestras sociedades. Y no siempre para bien. En el 68 se vivía aún en la ola de crecimiento y estabilidad social y política derivada del consenso keynesiano. Por eso, a muchos nos pareció que aquellos movimientos tenían algo de hepifenómeno. Sus protagonistas fueron jóvenes de las clases altas y medias que tenían aspiraciones de unos cambios culturales y políticos que se formulaban desde la perspectiva biográfica de una razonable seguridad económica y social, cuando no desde el privilegio de sus entornos de origen.