Como ya he comentado, las elecciones andaluzas han supuesto un terremoto en el escenario político. Probablemente, si no se hubieran producido, todavía estaríamos con un panorama muy abierto, sin tener claras las posibilidades de cada formación política. Pero, las votaciones andaluzas han precipitado la elección de los ciudadanos.

Y a los nuevos partidos no les queda más remedio que ir definiendo sus posiciones políticas. Ya no se puede seguir manteniendo la ambigüedad calculada permanentemente, porque hay que comprometerse, y ahí se ven dos cosas: la capacidad de respuesta de los candidatos y su ideología.

Los nuevos partidos, como Ciudadanos y Podemos, que han emergido con fuerza, han intentado navegar en las aguas políticas sin manifestar su posicionamiento. Ante la división Derecha/Izquierda, Conservador/Progresista, ambos han querido utilizar nuevas nomenclaturas: Arriba/Abajo, Nuevo/Viejo. Esta nueva división pretendía confundir para recoger votos de cualquier espectro político.

Pero, sinceramente, opino que la ciudadanía está resultando más inteligente en sus parámetros. Superada la confrontación Nuevo/Viejo, ahora hay que definir posiciones, porque hemos de ir más allá de eliminar la corrupción, la honestidad política y la eficacia en la gestión.

Esos son tres conceptos básicos que ni siquiera deberían estar presentes en una campaña política, pues son el abc de la democracia. Ahora bien, una vez asumido el propósito de los nuevos partidos de que “vamos a hacerlo mejor y de forma honesta”. La pregunta es, ¿cómo y qué van a hacer?

Seguramente, el castigo recibido por UPyD tenga algo que ver la ambigüedad manifestada por este partido. ¿Derechas o Izquierdas? ¿Progresistas o Conservadores? Porque al final la gente necesita unos parámetros, más o menos claros, frente a temas como Público/Privado (en cuestiones de educación y sanidad), qué economía aplicar en la crisis, qué sistema tributario, qué prioridades presupuestarias, qué primeras medidas de gobierno.

Es la hora de decir qué se va a hacer.

Y aquí nos encontramos con la clarificación del panorama político. UPyD se ve engullida porque no se sabe a quién representa. Ciudadanos y Podemos emergen con fuerza porque, aunque ambos quieran negarlo, los electorados escogen en función de quién les parece más conservador y quién más progresista.

Ellos quieren renegar de los partidos clásicos, del PP y del PSOE, y no mostrar parecido. Ellos son “nuevos”. Pero, lo quieran o no, Ciudadanos recoge el gran descontento del votante del PP que, por fin, encuentra una alternativa a quien últimamente debían votar con la pinza en la nariz. Y Podemos se ubica en la izquierda, recogiendo descontentos del PSOE y de IU.

Nadie dice que sean lo mismo ni que sean imitaciones. Lo que pretendo aclarar es que, al final, la ideología cuenta y pesa, tiene un papel importante en la política. Y si no fuera así, daría igual quien gobernara. A veces, escucho ciudadanos que dicen que “fuera los políticos, arriba los técnicos”, como si un técnico no tuviera su propia concepción de las cosas. El problema no está en hacer un edificio (que será el arquitecto quien sepa hacerlo bien), sino en decidir la utilidad, la conveniencia y el coste del edificio.

La campaña electoral ha comenzado, este es el momento de escuchar y confrontar propuestas.