El 8 de septiembre del año 2000 la Asamblea General de Naciones Unidas, integrada por 189 países, aprobaba por aclamación la denominada Declaración del Milenio (Resolución 55/2) que fue firmada por 147 Jefes de Estado y de Gobierno, y contenía una propuesta de valores, principios y objetivos para la agenda internacional del siglo XXI, difícilmente no aceptable por cualquiera de las personas presentes en la Asamblea, reproduciendo y sintetizando de forma integrada contenidos de documentos similares anteriores de Naciones Unidas. El 25 de septiembre de 2015 se ha repetido el proceso, aunque con un importante salto cualitativo, ya que ahora el Objetivo es el Desarrollo Sostenible (ODS), lo que obliga a un doble proceso: por un lado, valorar hasta qué punto el proceso seguido con los Objetivos del Milenio (ODM) hace significativo el esperar resultados en la consecución de los nuevos ODS; por otro, la elección del Desarrollo Sostenible como proceso plasmado en la consecución de 17 Objetivos y 169 subobjetivos obliga a plantearse si estos Objetivos y subobjetivos reflejan adecuadamente lo que aquél concepto significa. A ambos aspectos nos referiremos en este artículo.

Y hemos de comenzar señalando que, respecto a Cumbres anteriores, una diferencia remarcable en el año 2000 fue que se establecía un plazo, el año 2015, para alcanzar lo que se pasaron a denominar Objetivos del Milenio (ODM), con metas cuantitativas concretas. Específicamente, ocho objetivos con 21 metas y 60 indicadores que permitieran medir su grado de cumplimiento, que en gran medida se reproducen totalmente en los nuevos ODS. Objetivos claramente definidos, como apreciaremos más abajo, aunque fuera discutible si estos ODM eran los prioritarios y los más efectivos para avanzar en los fines últimos de las Cartas y documentos de Naciones Unidas, de garantizar la libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto a la naturaleza, responsabilidad común, etc. También había dudas sobre la adecuación de los indicadores para medir correctamente lo que se pretendía valorar como avances, y, por último, también se cuestionaban las referencias espaciales, formas de estimación y fiabilidad de los datos utilizados para su comparación temporal.

Estas insuficiencias y dudas no han dejado de sobrevolar sobre las optimistas valoraciones realizadas en los sucesivos Informes que han venido midiendo el grado de consecución de los Objetivos del Milenio, el último de los cuales -“Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe de 2015”. http://www.un.org/es/millenniumgoals/pdf/2015/mdg-report-2015_spanish.pdf-habla de extraordinario éxito en la gestión de los Gobiernos (¿de todos en todas partes?) para la consecución de los mismos. No obstante, pese al triunfalismo de las exposiciones oficiales, el Informe sigue siendo crítico con sus propios resultados, o con las insuficiencias y fiabilidad de los datos, así como sobre las desigualdades territoriales y la pobreza de los fondos específicamente aportados a la consecución de los Objetivos.

Una última e importante cuestión que hay que valorar es hasta qué punto la propia definición de los Objetivos del Milenio y los trabajos de Naciones Unidas han aportado algo al avance hacia estos Objetivos, o si estos responden a la senda tendencial de evolución de los propios países. Este hecho tiene su importancia, ya que para la nueva Declaración de 2015 que pretende avanzar hacia el Desarrollo Sostenible, la tendencia global del planeta es claramente contradictoria al mismo, lo que exigirá actuaciones de Naciones Unidas cuyo éxito podemos estimar a partir de los resultados conseguidos con los ODM. Volviendo, por lo tanto, a los resultados del citado Informe de 2015, tendríamos que destacar los siguientes aspectos:

  • Respecto al Objetivo 1 de Erradicar la pobreza extrema y el hambre, el Informe señala que, a nivel mundial, la cantidad de personas que viven en pobreza extrema se ha reducido en más de la mitad, cayendo de 1900 millones en 1990 a 836 millones en 2015. Hay que precisar que esta pobreza extrema significa una renta de menos de 1,25 dólares/día en capacidad de compra USA, lo que obliga a establecer tipos de cambio entre monedas y costes de la cesta de la compra, no exentos de problemas de valoración. Adicionalmente, con respecto a éste y al resto de los Indicadores de los Objetivos y Metas, cabe preguntarse qué fiabilidad tienen las cifras de 1990 y la estimación de 2015 en países de muy bajos niveles de desarrollo y con oficinas estadísticas de escasa fiabilidad, que son los que nutren mayoritariamente estas cifras. El hecho de que sean China, India y Brasil los países a los que se asocia una mayor caída en estas cifras de pobreza extrema, valida en parte la afirmación de una disminución en la cifra final. El no disponer de fuentes ni de métodos alternativos de cálculo abocan a tener que aceptar las afirmaciones del Informe, aunque sea muy grande el escepticismo en el campo científico sobre la realidad de las cifras presentadas, si bien las tendencias se aceptan como correctas. El escepticismo es también aplicable en parte al indicador que señala que la cantidad de personas de la clase media trabajadora que vive con más de 4 dólares por día se ha triplicado entre 1991 y 2015 (¿por qué no se compara esta cifra con el 40% de la mediana de las rentas para definir el riesgo de pobreza como se hace en la UE?); o al indicador que señala que el porcentaje de personas con nutrición insuficiente en las regiones en desarrollo cayó a casi la mitad desde 1990. E igual escepticismo cabría mantener respecto al resto de indicadores asociados a la segunda meta cuyo alcance se considera un éxito: Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015 la proporción de personas que padecen hambre (en teoría se ha pasado del 23,3% en 1990/92 al 12,9% previsto para 2014/16).Por otro lado, el propio Informe señala que los resultados sobre la Meta de Alcanzar empleo pleno y productivo y trabajo decente para todos, incluyendo las mujeres y los jóvenes, son menos optimistas. En efecto, la Organización Internacional del Trabajo señala que más de 204 millones de personas están desempleadas en 2015, lo que implica más de 53 millones más que en 1991. Adicionalmente, casi la mitad de las personas empleadas trabaja en condiciones precarias y vulnerables, aunque en el Informe se destaca que la proporción de trabajadores que vive en pobreza extrema ha caído del 52 al 11% en los países en desarrollo, y que la clase media trabajadora (entendida como la que percibe más de 4 dólares USA al día) ha pasado del 18% en 1991, al 48% en 2015. Resultado sintético: avance con claro-oscuros en los que no resalta la incidencia de Naciones Unidas en la consecución del Objetivo.
  • Respecto al Objetivo 2, de Lograr la enseñanza primaria universal, los resultados destacados son que la cantidad de niños en edad de recibir enseñanza primaria que no asistió a la escuela cayó a casi la mitad a nivel mundial, pasando de 100 millones en el año 2000 a aproximadamente 57 millones en 2015.El propio Informe señala que el estancamiento del progreso en la educación tiene profundas consecuencias para los niños y adolescentes que no pueden asistir a la escuela. Y señala que hay que abordarlas causas del limitado progreso en la alfabetización juvenil en algunas partes del mundo, y evaluar si los niños han logrado dominarlas habilidades que se les enseña, así como si se les está enseñando las habilidades que se requieren para el siglo XXI. Resultado sintético: avance con claro-oscuros en los que no resalta la incidencia de Naciones Unidas en la consecución del Objetivo.
  • Respecto al Objetivo 3, de Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía/empoderamiento de la mujer, los avances se reconocen como limitados. Aunque se ha logrado la paridad de género en la enseñanza primaria, la desigualdad continúa en niveles superiores. Se ha mejorado la tasa de empleo femenina, pero sigue siendo muy inferior a la masculina. La proporción de mujeres en los parlamentos casi se ha duplicado en los últimos 20 años, pero permanece por debajo del 20%. No se aprecia una incidencia significativa de Naciones Unidas en el avance hacia el Objetivo.
  • Respecto al Objetivo 4, de Reducir la mortalidad infantil, el Informe señala que la tasa mundial de mortalidad de niños menores de 5 años ha disminuido en más de la mitad, reduciéndose de 90 a 43 muertes por cada 1000 niños nacidos vivos entre 1990 y 2015.No obstante, en 2015 cada día morirán 16.000 niños menores de 5 años, en su mayoría por causas prevenibles. Resultado: avance que requiere nuevos y mayores esfuerzos en los que existe una clara incidencia positiva de Naciones Unidas en la consecución del Objetivo.
  • Respecto al Objetivo 5, de Mejorar la salud materna y la Meta primera de reducir la tasa de mortalidad materna, ésta ha disminuido en un 45% a nivel mundial desde 1990. Con respecto a la Meta segunda, de lograr el acceso universal a la salud reproductiva, los resultados se consideran insuficientes y ampliamente desiguales, al igual que también lo es la información sobre esta temática. Resultado sintético: avance con claro-oscuros en los que la incidencia de Naciones Unidas en la consecución del Objetivo es claramente insuficiente.
  • Respecto al Objetivo 6, de Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, la primera Meta se ha logrado al conseguir que las nuevas infecciones del VIH hayan disminuido en aproximadamente un 40% entre 2000 y 2013.También se ha avanzado de forma importante en la segunda Meta, al conseguir que en junio de 2014, en todo el mundo, 13,6 millones de las personas que vivían con el VIH recibían la terapia antirretroviral (TAR), un aumento inmenso a partir de solo 800.000 personas en 2003. También se han conseguido resultados significativos en la tercera Meta al evitar más de 6,2 millones de muertes causadas por paludismo entre los años 2000 y 2015, principalmente de niños menores de 5 años de edad en África subsahariana; y de lograr que, entre 2000 y 2013, se salvaran del orden de 37 millones de vidas mediante intervenciones de prevención, diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis. El Informe señala la problemática y gravedad del último brote del Ébola, que ha desbordado su ámbito natural de confinamiento, ha generado alarma mundial y ha producido más de 27.000 casos confirmados, probables y presuntos, y más de 11.000 muertes. Resultado: avance significativo que no evita riesgos potenciales futuros, y en el que es apreciable la incidencia de Naciones Unidas en la consecución del Objetivo.
  • Respecto al Objetivo 7, de Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, la primera Meta se centraba en Incorporar los principios del desarrollo sostenible en las políticas y los programas nacionales y reducir la pérdida de recursos del medio ambiente. Y con respecto a ella: . Se ha desacelerado la deforestación (la pérdida neta de zona forestal se ha reducido de 8,3 millones de hectáreas por año en la década de 1990 a aproximadamente 5,2 millones de hectáreas/año entre los años 2000 y 2010) aunque ésta continúa. . Las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo continúan aumentando, y en la actualidad son más de un 50% más altas que su nivel en 1990. . Está aumentando la sobreexplotación de la pesca marítima, lo que amenaza los ecosistemas y los medios de subsistencia. . En el lado positivo hay que señalar que se espera que la capa de ozono se recupere a mediados de siglo, gracias a los esfuerzos mundiales concertados para eliminar las sustancias que reducen la capa de ozono. La segunda Meta se centraba en Reducir la pérdida de biodiversidad alcanzando, para el año 2010, una reducción significativa de la tasa de pérdida. En este sentido hay que señalar que en 2014 el 15,2% de las áreas terrestres y de aguas interiores, y el 8,4% de las áreas marítimas costeras (hasta 200 millas náuticas de la costa) estaban protegidas, pero solo el 0,25% de las áreas marítimas que se extienden fuera de esas 200 millas náuticas estaba protegida. No obstante, el riesgo de extinción de especies y de pérdida de biodiversidad sigue siendo muy elevado (se considera en extinción el 26% de 5.500 mamíferos, 13% de 10.400 aves, 41% de 6.000 anfibios, 33% de 845 corales de arrecife y 63% de 340 cícadas). La tercera Meta se centraba en reducir a la mitad, para el año 2015, el porcentaje de personas sin acceso sostenible al agua potable y a servicios básicos de saneamiento. En la actualidad se estima que la escasez de agua afecta a más del 40% de la población mundial y se proyecta que aumente, pese a que 147 países han cumplido con la meta del acceso a una fuente de agua potable, 95 países han alcanzado la meta de saneamiento y 77 países han cumplido ambas. A nivel mundial, 2.100 millones de personas han obtenido acceso a saneamiento mejorado, y el porcentaje de personas que defecan al aire libre se ha reducido casi a la mitad desde 1990. La cuarta Meta se centraba en mejorar considerablemente, para el año 2020, la vida de por lo menos 100 millones de habitantes de tugurios, señalándose en el Informe que esto se ha conseguido significativamente en los últimos 15 años, ya que entre los años 2000 y 2014, más de 320 millones de personas obtuvieron acceso ya sea a agua mejorada, instalaciones sanitarias mejoradas, viviendas duraderas o condiciones de menor hacinamiento. La proporción de población urbana que vive en tugurios en las regiones en desarrollo cayó de aproximadamente 39% en 2000, a 30% en 2014. Pero, aunque se cumplió con el Objetivo porcentual, la cantidad absoluta de residentes urbanos que vive en tugurios continúa aumentando, en parte debido al aceleramiento de la urbanización, el crecimiento de la población y la falta de políticas apropiadas relativas a suelo y viviendas. Se estima que más de 880 millones de residentes urbanos viven en tugurios en la actualidad, en comparación con los 792 millones registrados en el año 2000 y los 689 millones en 1990. Como síntesis, el Informe señala resultados dispares, e importantes y graves desafíos ambientales para el futuro en capítulos como el cambio climático, la inseguridad alimentaria y del agua, y los desastres naturales. En el avance no hay una incidencia suficientemente relevante de Naciones Unidas en la consecución del Objetivo.
  • Por último, respecto al Objetivo 8, de Fomentar una asociación mundial para el desarrollo, la asistencia oficial por parte de países desarrollados aumentó en un 66% en términos reales entre los años 2000 y 2014, alcanzando 135.200 millones de dólares, pero esta ayuda se ha estancado en los últimos años. No obstante, la asistencia oficial para el desarrollo para los países menos adelantados aumentó significativamente. Con respecto a la discutible Meta primera de este Objetivo, relativa a Desarrollar más aún un sistema comercial y financiero abierto, basado en normas, previsible y no discriminatorio, su ayuda a un Desarrollo Sostenible Global es fuertemente cuestionable. El Informe señala que aumenta el porcentaje de importaciones de países desarrollados (excluyendo petróleo y armas) provenientes de países en desarrollo y países menos adelantados, admitidas sin pago de aranceles entre 1996 y 2014, y que los aranceles promedio de los países desarrollados sobre los productos agrícolas disminuyen en el periodo. No hace referencia a la fuerte dependencia financiera asociada, aunque con respecto a la cuarta Meta, de paliar las consecuencias de la deuda de los países en desarrollo, el Informe señala que la carga de la deuda de estos países cayó drásticamente en la primera década del nuevo milenio, pero se ha estabilizado y se espera que aumente en los próximos años. Igualmente, el servicio de la deuda como porcentaje de las exportaciones se ha incrementado recientemente en algunas regiones, aumentando su vulnerabilidad económica. Con respecto a la quinta Meta, de proporcionar acceso en los países en desarrollo a medicamentos esenciales asequibles en cooperación con las compañías farmacéuticas, el Informe señala que los datos son limitados, pero pruebas recientes sugieren una mejora. Y, por último, en relación a la sexta Meta, de dar acceso a los beneficios de las nuevas tecnologías, en particular los de las tecnologías de la información y de las comunicaciones, en cooperación con el sector privado, las tasas de penetración de la telefonía móvil e Internet han crecido significativamente, pero la división digital entre ricos y pobres está aumentando. Como antes se señalaba, tal y como está formulado este Objetivo es discutible su aportación a un verdadero desarrollo para los países menos favorecidos, y también es discutible la política de organismos internacionales como el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional u Organización Mundial del Comercio al mismo.

Como síntesis, el Informe de 2015 señala que pese a los logros destacados en los puntos anteriores, el progreso ha sido territorialmente desigual (en efecto, y aunque no se cita explícitamente, han sido el despegue de los países BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica- y de los exportadores de materias primas los que han permitido avanzar en los Objetivos) pero, en la actualidad, todavía millones de personas siguen desamparadas, en particular los más pobres y los desfavorecidos debido a su sexo, edad, discapacidad, etnia o ubicación geográfica. Además, a finales de 2014, los conflictos bélicos habían forzado a casi60 millones de personas a abandonar sus hogares, cifras que no se alcanzaban desde la Segunda Guerra Mundial, cuadruplicando las cifras registradas en 2010 y generando fuertes tensiones migratorias. Y se podría añadir que siguen siendo muy elevadas las desigualdades en las condiciones de vida, y que han empeorado las condiciones de explotación de la población y de los recursos naturales, por la subordinación de ambos a los intereses de las grandes multinacionales o del capital especulativo, entre los que hay que incluir el de los nuevos ricos –y sus fondos soberanos- asociados a la explotación de los recursos petrolíferos.

En el marco de los resultados mostrados por este Informe de 2015, el 25 de septiembre, 193 líderes mundiales se han comprometido a promover el avance hacia los 17 Objetivos Globales de Desarrollo Sostenible para el 2030, con el fin de erradicar la pobreza extrema, luchar contra la desigualdad y la injusticia y frenar el cambio climático, buscando un avance hacia la modificación de “los patrones de producción, de comercialización y de consumo por otros más sostenibles ecológicamente, menos excluyentes en lo social y que por lo tanto permitan equiparar oportunidades para toda la población mundial”.

Nuevamente este tipo de Objetivos son indudablemente recomendables, como lo eran los Objetivos del Milenio del año 2000, aunque ahora la ambición es muy superior; y la principal diferencia con aquellos, es que muchos de los Objetivos que ahora se definen obligan a cambiar radicalmente la evolución tendencial –business as usual (BAU)- de la sociedad de consumo capitalista que domina el panorama internacional. Es oportuno y valorable el que se mantenga establecer una fecha de referencia para su consecución –año 2030- y que se reitere la utilización de Metas cuantitativas e Indicadores para contrastar el acercamiento o alejamiento del cumplimiento de los Objetivos buscados, aún con las limitaciones anteriormente señaladas.

En síntesis, visto en los párrafos anteriores que la incidencia de Naciones Unidas ha sido muy relativa en la consecución de los Objetivos del Milenio salvo cuando definían metas compatibles con la tendencia global de evolución social del siglo XXI, es muy cuestionable su capacidad de incidir muy significativamente en la consecución de unos ODS que implican cambios muy importantes en esa tendencia global y en los intereses que la sustentan. No obstante, hay muchas actuaciones precisas para el cumplimiento de los Objetivos que exigen acciones colectivas concertadas -reducir las emisiones de gases efecto invernadero para frenar el calentamiento global, erradicar los paraísos fiscales, frenar la sobreexplotación de los recursos comunes y la pérdida de biodiversidad, etc.- en las que Naciones Unidas y sus Conferencias de las Partes (COP) pueden significar una ayuda insustituible. Ya el hecho de que los ODS se hayan definido como resultado de un amplísimo proceso de consultas liderado por Naciones Unidas ha sido un paso positivo al respecto. Pero conseguir avanzar hacia los ODS va a depender de hasta qué punto la población elija a representantes políticos capaces de defender sus intereses generales ligados a la consecución de esos ODS, frente a los intereses de muchas multinacionales y fondos financiero-especulativos en los que el mantenimiento de tendencias –BAU- es el marco óptimo para asegurar sus ganancias y objetivos economicistas. Ámbitos como el G7 y el G20, donde la capacidad de influencia de las señaladas multinacionales y fondos ha quedado claramente probada, serán el campo de juego donde se medirá la capacidad de la población para que sus representantes defiendan e impongan sus intereses generales a largo plazo, condicionando el posible éxito o fracaso de estos ODS para el 2030.

En ese sentido es destacable un interesante informe del Overseas Development Institute (ODI) (http://www.odi.org/sites/odi.org.uk/ files/odi-assets/ publications-opinion-files/9846.pdf) que analiza el grado de esfuerzo económico y político necesario, clasificado en seis niveles (del A al F), para lograr alcanzar alguna de las metas más representativas de los 17 ODS establecidos, cuya síntesis se recoge en la Figura siguiente. De este Informe hay que señalar, en primer lugar, que no encuentran ningún Objetivo que se alcance tendencialmente sin políticas correctivas (nivel A), lo que implica que la consecución de todos ellos exigen cambios en las políticas y tendencias actuales. La gradación de estas políticas y cambios la establecen en el gráfico en tres categorías con los correspondientes colores (verde de más fácil consecución a rojo, de mayor dificultad).

GRÁFICO ABANICO

Los tres Objetivos sobre los que las tendencias en el escenario BAU están más cercanas a las metas previstas y que, por lo tanto serían los que exigirían menores cambios en políticas y actuaciones –nivel B-, serían los tres señalados a continuación, con las correspondientes matizaciones propias:

  • Objetivo 1. Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo. Reproduce el Objetivo 1 de los ODM con un mayor número de metas, pero siendo aplicables las mismas observaciones realizadas para los ODM, respecto a la delimitación de la pobreza extrema (1,25 $USA/persona y día), uso de indicadores, etc. Como se señalaba para el Objetivo 1 de los ODM, es esperable un cierto avance con claro-oscuros, en el que no resalta la incidencia de Naciones Unidas en la consecución del Objetivo.
  • Objetivo 8. Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos. Como se aprecia en la Figura anterior, el ODI prevé un avance en el crecimiento económico de los países menos desarrollados; pero es muy poco previsible que se avance significativamente en modificar la tendencia actual hacia la degradación de las condiciones de empleo y la generalización del empleo precario y vulnerable.
  • Objetivo 15. Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de la diversidad biológica. El ODI espera que se logre parar la deforestación, pero el esfuerzo necesario para conseguir el resto de metas establecidas en este Objetivo está por ahora muy lejos del previsible rumbo definido por los intereses particulares de multinacionales y propietarios de los terrenos y recursos afectados. Se deberían producir un esfuerzo económico muy superior al esperable, y muy fuertes cambios estructurales para que este Objetivo fuera alcanzable. Por otra parte, ya se ha fracasado en una ocasión en el intento de poner freno a la pérdida de biodiversidad y es muy difícil pensar que sin estos cambios estructurales radicales se pueda llegar a tener éxito para el 2030.

La mayoría de los Objetivos revisados por el ODI están en el rango que consideran medio en cuanto a la viabilidad de su consecución, ya que estiman que los Indicadores correspondientes se están moviendo en la dirección correcta, aunque el avance en su consecución exigirá profundos cambios graduados de menos a más en su intensidad según los niveles C, D y E. En el nivel C el ODI recoge cuatro Objetivos que se asocian con aspectos ya recogidos, respectivamente, en los ODM 5, 2, 1 y 8, sobre los que las observaciones generales realizadas sobre estos últimos siguen siendo aplicables:

  • Objetivo 3. Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades. El ODI analiza la consecución del subobjetivo 3.1., “Reducir la mortalidad materna”, incluido en el ODM número 5.
  • Objetivo 4. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos. Es una ampliación del ODM número 2, al que es aplicable las observaciones realizadas sobre este último.
  • Objetivo 16. Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles. Sorprende que el ODI establezca este Objetivo como relativamente viable (nivel C) incluso en su meta de “Reducir las muertes violentas”, atendiendo a las consecuencias que han tenido sobre el mismo la crisis económica del 2008, y a la incidencia creciente esperable del cambio climático sobre nuevos conflictos bélicos.
  • Objetivo 17. Fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible. Es evidente que la Alianza podrá rehabilitarse y que la Movilización de los Recursos propios, que es el subobjetivo que evalúa el ODI, es un aspecto potencialmente desarrollable, si bien existen aspectos de este Objetivo de difícil plasmación, sobre todo en lo que se refiere a sus elementos financieros.

Tras estos Objetivos, con un mayor nivel de dificultad en que se pongan en marcha políticas que modifiquen las pautas tendenciales actuales –nivel D-, se encentran los Objetivos:

  • Objetivo 2. Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible. Frente al Objetivo similar de los ODM donde, como se ha señalado, sería factible, con una distribución más racional de los recursos actualmente disponibles, erradicar el hambre y lograr la seguridad alimentaria, se incorpora la potenciación de la agricultura sostenible, cuya relevancia mundial es muy reducida y cuya expansión presenta claras dudas sin cambios bastante más radicales de los asociados a este nivel D en el que el ODI presenta este Objetivo.
  • Objetivo 6. Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. Aunque es un Objetivo técnicamente alcanzable, presenta dos dificultades no desdeñables: la primera es el volumen de inversiones precisas; la segunda son las consecuencias territoriales de estas inversiones y los riesgos de incidir sobre las guerras del agua, estimadas como uno de los riesgos más significativos en un futuro presidido por una incidencia creciente del cambio climático.
  • Objetivo 7. Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos. Como en el caso anterior, con muy altas inversiones en energías renovables, mejora de la eficiencia energética y reducción drástica de los consumos per cápita por modificaciones sensibles en los sistemas productivos y de consumo, este Objetivo sería alcanzable, pero es dudoso que los intereses de las multinacionales afectadas por los cambios necesarios y el alto volumen de inversiones necesarias permitan su consecución sin cambios sociales estructurales mucho más radicales de los que se prevén por el ODI.

Los dos siguientes niveles de dificultad en la consecución de los Objetivos según el ODI (niveles E y F) requieren un comentario integrado que se realiza tras su descripción sucinta. El nivel E de dificultad para el ODI en la consecución de los Objetivos, por la exigencia de cambios crecientemente significativos, se encuentra en:

  • Objetivo 5. Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas.
  • Objetivo 9. Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación.

Un último grupo de cinco Objetivos son clasificados por el ODI como muy difícilmente alcanzables –nivel F- porque exigen un cambio radical en las tendencias actuales-hacer lo contrario de lo que se ha hecho hasta ahora- estableciendo medidas radicales a escala global:

  • Objetivo 10. Reducir la desigualdad en y entre los países.
  • Objetivo 11. Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.
  • Objetivo 12. Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles.
  • Objetivo 13. Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.
  • Objetivo 14. Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible.

Antes de entrar en el comentario de estos niveles E y F de dificultad, conviene resaltar que la Declaración del 25 de septiembre de 2015 señala que “Los Objetivos y las metas son de carácter integrado e indivisible y conjugan las tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental”. Y esta visión integral nos lleva a recordar que las tendencias en esas dimensiones en el planeta continúan siendo las derivadas de una sociedad de consumo capitalista en expansión global, que son difícilmente compatibles con muchos de los ODS y, en particular, con los cinco últimos señalados. Estas tendencias llevan a una expansión de la noción de competitividad sobre la de colaboración o solidaridad, y conllevan, para incrementar la “competitividad económica”, una degradación creciente de los estándares ambientales, laborales, o de cualquier otro tipo de derechos sociales que se opongan al beneficio empresarial, de las grandes multinacionales, o de los fondos financiero-especulativos. Y ello pese a que estas tendencias llevan irreversiblemente, de no corregirse, hacia lo que en el campo científico se define como previsible colapso civilizatorio.

Es cierto que la Declaración incorpora medidas “sistémicas” que exigirían el concurso y el compromiso de muchos países y de todos los actores (la regulación del sistema financiero internacional; impuesto a las transacciones financieras que permitiera recaudar fondos para financiar los 17 ODS; etc.) sobre las que no podemos extendernos en este artículo; o el hecho muy positivo de que se incorpore la Huella Ecológica como Indicador de medida del Objetivo 12.2 (Uso sostenible y eficiente de los recursos naturales) que, para algunos, unido al Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas formaría un conjunto sintético de los niveles de Desarrollo Sostenible[1]. Pero no podemos olvidar que los riesgos ambientales son inherentes a la contradicción sociedad de consumo/recursos del planeta. Los riesgos económicos, sociales y geoestratégicos son inherentes a las contradicciones entre competencia/cooperación, beneficio individual/beneficio social, concentración de la riqueza/igualdad de oportunidades, etc. Las potencialidades (y también los riesgos) tecnológicos y la necesidad de suavizar riesgos por disminución de contradicciones que puedan acabar en catástrofes, exigen superar las pautas de esta sociedad capitalista bajo nuevos principios basados en la solidaridad, en la concertación y cooperación y en el respeto a los equilibrios básicos ambientales del planeta. Las nuevas tecnologías lo permiten cada vez más, pero sólo si se cambian las pautas de poder, de apropiación social de las ventajas que aportan, y se prioriza la I+D+i en los campos que significan una contribución directa a la consecución de los señalados ODS. Pero no son esas las pautas de una innovación tecnológica basada en las inversiones en I+D+i de las multinacionales, que dirigen en gran parte las intervenciones estatales como complemento de las que dichas multinacionales promueven en este campo. Así, como antes sucedía en algunos ODM, en los ODS aparecen propuestas que sugieren impedir regulaciones en los negocios privados para no interferir la creatividad y el empuje del sector privado empresarial, proponiendo, como alternativa, incentivar el desarrollo y el emprendimiento empresarial y generar un entorno favorable a sus negocios. El campo de delimitación de los intereses generales versus los particulares y su aportación a la consecución de los ODS, es un ámbito que requeriría un tratamiento más pormenorizado en la Declaración del 25 de septiembre de 2015.

Porque, llegados a este punto, y para finalizar este ya muy largo artículo, no podemos olvidar que es la actual sociedad de consumo asociada al actual sistema capitalista de dominancia financiero-especulativa, el origen y causa de los riesgos y problemas definibles en la sociedad actual, porque la principal contradicción para el mantenimiento del sistema sigue estando en la inviabilidad de la generalización de esa sociedad de consumo a una población global fuertemente creciente, bajo un sistema socioeconómico que hace de la competencia, de la especulación y de la riqueza individual, las pautas básicas de su funcionamiento. Y que, si no se cambia esta dinámica, difícilmente podremos avanzar en la consecución de los ODS para el 2030.

[1]Se supone que podría hablarse de tener un nivel de desarrollo sostenible correcto, en aquellos países que tuvieran, a la vez, una huella ecológica inferior a 1,7 hectáreas equivalentes, y un Índice de Desarrollo Humano superior a 0,7.