Atrás, el personalismo de Felipe González lo fue fresco del día. Con González los otros éramos nosotros. Más tarde, la política vintage de Aznar se balanceaba en la tela de una araña inmobiliaria y financiera. Abanicando las clases medias venidas a más y aún por venir. A pesar de Aznar, los otros éramos nosotros. Todavía Zapatero, con su afición al Paintball, disparando tintas que dibujaban igualdades y derechos en leyes y reglamentos, nos hizo alucinar en colores del arcoiris. Un coloreo de “modernura” que la experiencia a demostrado se borra fácilmente; no con agua, sino con otras tintas. Y si algo está claro de siempre, es que nuestra derecha, como el calamar de Bioy Casares, siempre opta por su tinta. Pero entonces, aún nosotros éramos los otros.

Con Rajoy llegaron otros para ser los otros y no nosotros. Un ministro recuerda las anécdotas ingeniosas de Franco. Sí, ese hombre. Para ellos está vivo en sus conversaciones y es ejemplo. Gibraltar español y los toros cultura española. La CEOE se descojona con un “ponte serio para la foto”, mientras que como respuesta a las quejas de los sindicatos dice Cospedal “es que pierden poder”. Vergüenza para los sindicatos: se quejan por perder poder. Duele el razonamiento. Por sus premisas; por lo que sugiere; por lo que propone. En una relación tan asimétrica como la laboral, perder poder de negociación es perderlo todo. Hay que aceptar trabajos mal pagados, otros lo harán por ti. Es lo que se llama ejército industrial de reserva. De toda la vida. Más. La dualización que produce el hundimiento de las clases medias junto a los condenados a ser jóvenes a perpetuidad, (en sus condiciones de vida) está expandiendo un lumpemproletariado desorganizado que fulgura con estallidos en este nuevo mundo. Conceptos que se llevaron los vientos del desarrollismo consumista vuelven flotando para posarse sobre las “nuevas realidades”, que tienen un nombre ya antiguo. No es preciso volver al Marx sociólogo. Él regresa por su cuenta, poniendo los nombres propios y apropiados en nuestros labios. Al final estaba de nuevo el principio.

Ahora los derechos sociales, laborales y tantos otros, son entelequias. Cuantas tesis doctorales, investigación y conferencias sobre la conciliación de la vida laboral y familiar. Muertos vivientes apenas. Y este Gobierno franquista sin Franco, descalifica y patea cualquier dignidad. Cualquier día dirán que ellos sí hicieron por la conciliación al mantener a toda la familia junta en el paro. Son así. No les tiembla la voz ni el pulso. Están en la realidad. Ellos son ahora los otros. Los demócratas, la izquierda, la igualdad, todo es ya para los otros un sueño. La policía está sobre todo para el control público y aporrea a los enemigos y enemigas de 12 años. Los niños y niñas de Valencia ya saben de los palos que da la vida, policía mediante.

El frío cala hasta los huesos en la Educación. Dicen desde el Gobierno que los manifestantes están engañados. El mismo mismísimo discurso que podíamos escuchar en los 70. Pero es un frío que no desaparece cuando te han contado la “verdad”. Permanece, como permanece el desconcierto ante la ferocidad de esta derecha radicalmente populista. Los otros ya son los otros y pronto no podremos reconocernos a nosotros mismos. Volver a la realidad tiene un único camino: en la calle codo con codo. Estos cuatro años parecerán cuarenta. Como los que ustedes recuerdan. En el fondo y en la forma.

Decía, cuando el congreso socialista, que ni Rubalcaba ni Chacon nos podrían hacer mirar hacia atrás sin ira. Ellos no. Pero Rajoy y sus amazonas sí. Y tuvo cosas curiosas el congreso televisado. Comparto una, que desde ya uso como práctica en clase de métodos de observación. Zapatero en su discurso recuerda solo a uno. A Bono. Recuerda su lealtad cuando le ganó y pide lo mismo para quien gane. Como el Pisuerga pasa por Valladolid, a Bono le llovían las lágrimas. Para entender la jugada hay que mirar a Felipe González, sentado junto a él. Su cara era un poema cubista. En aquel te lo digo Pedro para que se entere Pablo, más se enteró Pablo que Pedro. Un déjà vu de Almunia/Rubalcaba por Borrel/Chacón. Mientras, Bono que se creía el muerto en ese entierro, lloraba.