Cuando los pequeños comercios reclamaban regulación frente al abuso de los grandes almacenes, la cúpula empresarial les acusaba de victimismo y déficit competitivo. Cuando los pequeños agricultores y ganaderos exigían intervención pública para controlar a los intermediarios que compraban a precio de ruina y vendían a precio de lujo, la CEOE les ofrecía lecciones sobre el mercado abierto. Cuando los ecologistas pedían planificación pública sobre los usos del suelo para evitar el deterioro ambiental y la especulación inmobiliaria, los liberales de la empresa contraatacaban solicitando la edificación libre. Cuando los sindicatos enfatizaban la necesidad de una política industrial que estimulara la producción en ámbitos con empleo de calidad, los grandes empresarios clamaban por la no injerencia. Cuando la izquierda defendía la gestión pública de los servicios del bienestar social, los representantes empresariales llamaban a la desregulación y el beneficio privado.

Y ahora la CEOE pide “un paréntesis”. El juego del libre mercado en el mundo de las finanzas ha convertido el sistema financiero internacional en un gigantesco casino por el que campan sin control trileros, timadores y tramposos. El “libre mercado” sin “paréntesis” ha generado grandes castillos de naipes y formidables fortunas para unos pocos. Pero a la hora de pagar los platos rotos, los liberales agachan la mirada y piden “un paréntesis” al Estado. La fiesta se acabó. Que el contribuyente pase la fregona y deje el casino listo para la siguiente juerga.

La tentación invitaría a mandar a paseo a los liberales de oportunidad. A ellos y a sus “paréntesis”. Pero la responsabilidad exige que el Estado tome las riendas de la situación. Los peores efectos de la crisis no los sufrirán los jugadores de ventaja en la fiesta del mercado libre. Los efectos más devastadores los están sufriendo ya los trabajadores que se quedan sin empleo, los pequeños empresarios que no pueden acceder a la financiación del día a día, las familias con hipotecas desmesuradas, los jóvenes con trabajos precarios, los inmigrantes en la calle… Y para limitar estos daños es preciso asegurar la fluidez en los flujos financieros, generar actividad económica, recuperar ritmo en la creación de empleo y aplicar políticas de protección social.

Ahora bien, aprovechemos este “paréntesis” de intervención pública para algo más que atender las angustias de aquellos que se manifiestan liberales de día y estatistas de noche, y que definen su ideología al ritmo de la caja registradora. No podemos limitarnos a limpiar la inmundicia del casino para que vuelvan a jugar y a ganar los de siempre, a costa de los de siempre. El “paréntesis” debe servirnos para establecer unas reglas razonables en el juego del mercado. Para que el mercado financiero se someta a una regulación y a unos controles estrictos. Para prevenir nuevas burbujas especulativas. Para que la avaricia de unos pocos no vuelva a poner en jaque la economía internacional, las buenas empresas, los puestos de trabajo y los ahorros de los ciudadanos de bien.

Para que nadie tenga que volver a pedir más “paréntesis”.