Aquello me pareció extraordinario, ya que de esta manera los electores se situaban en condiciones de decidir realmente con su voto, más allá de avalar o no avalar unas propuestas genéricas.

En las primeras etapas de nuestro ciclo democrático, en España también se dio un grado razonable de concreción en las propuestas programáticas, tanto en sus aspectos genéricos como en determinados detalles. Por ejemplo, UCD concurrió en 1977 con unas propuestas de democratización que eran bastante específicas. Sin embargo, los ejemplos más paradigmáticos me parece que fueron los del PSOE en las elecciones de 1982 y 1986 principalmente, a las que este partido concurrió con un ambicioso programa de modernización, socialdemocratización y europeización de España. Además de unos marcos políticos generales, había bastantes concreciones específicas. Muchos podemos aún recordar, en este sentido, el trabajo que desarrollaba Roberto Dorado en el Gabinete de la Presidencia del Gobierno con un equipo que, en contacto con todos los Ministerios, efectuaba un seguimiento completo del cumplimiento del programa electoral del PSOE. Yo puedo recordar perfectamente cuando Roberto informaba que ya se había cumplido el 80% del programa, el 85% o el 90%. Y la verdad es que al final de estas dos primeras legislaturas del PSOE se llegó con un alto nivel de ejecución de los programas electorales (superior al 90%). Esta forma de proceder permitía a los votantes tomar decisiones electorales con un alto grado de conocimiento de causa. Y con bastante fiabilidad.

Con el paso del tiempo esta forma de proceder, y no sólo en España, ha ido siendo sustituida por enfoques imbuidos de criterios comunicacionales simplificadores, de forma que lo prioritario ahora se considera que es intentar lograr impactos llamativos en el electorado. Por eso, más que seguir un procedimiento detallado y riguroso de la naturaleza antedicha, lo que muchos partidos intentan, sin comprometerse mucho, es desgranar unas pocas propuestas electorales llamativas y de gran impacto. Los expertos sostienen que, procediendo de esta manera, se consigue atraer la atención de los electores en mayor grado que partiendo de enfoques tan pesados y aburridos como los anteriores.

Sin embargo, el resultado general de este cambio está siendo un aumento de la sensación ciudadana de que su voto cuenta poco para seguir unas y otras políticas concretas y, por lo tanto, cada vez hay más electores que desconfían de los procedimientos políticos establecidos, y de la adecuación democrática de enfoques demasiado centrados en lo mediático y en la exaltación de la figura de los líderes.

En el caso de las próximas elecciones del 20 de noviembre no puede negarse, en cualquier caso, que el PSOE ha realizado un esfuerzo de concreción, e incluso de solemnización, de la propuesta programática. La convocatoria de una Conferencia Política que se ha prolongado durante 3 días, y de donde han salido una serie de documentos de trabajo, es una prueba de este esfuerzo. Esfuerzo que también ha intentado ser imitado, en cierto grado, por el PP a través de una Convención política ad hoc, que más bien ha sido una sucesión de Conferencias que un debate programático.

Habrá que ver si en esta ocasión los esfuerzos realizados son considerados por los electores más desengañados como un empeño suficiente para que puedan sentir que recuperan realmente una mayor capacidad de decisión política con su voto. En cualquier caso, lo que no puede negarse es que esta es la dirección en la que habrá que estar dispuestos a trabajar, con todo el rigor y la profundidad posible, en los próximos años.