Esta semana, cuando todavía no se ha despejado completamente la resaca electoral, importantes voces del Partido han cuestionado dos de los principales puntos de la agenda exterior de la Casa Blanca: Afganistán y Rusia.

En una primera reacción al anuncio de retirada de las fuerzas de combate en Afganistán en 2014, John McCain, rival de Obama en las elecciones, se ha apresurado a comentar en televisión que «así no se libran las guerras». Una primera señal de lo que le espera al Presidente, incluso de un moderado como el senador de Arizona.

Más llamativo e inmediato ha sido el anuncio del boicoteo republicano a la ratificación, antes de final de año del renovado Tratado de Reducción de Armas Nucleares Estratégicas. El llamado NUEVO START fue cerrado por Obama y Medvedev el pasado mes de abril, en Praga, y deberá sustituir al anterior, el SORT, que expiró en diciembre del año pasado pero seguirá funcionando provisionalmente hasta que entre en vigor el nuevo.

UN TRATADO MODESTO

Como todos los acuerdos de armamento, El NUEVO START es un logro modesto, pero supone un paso adelante en ese mundo desnuclearizado que Obama prometió en Praga meses después de llegar a la Casa Blanca. Éstas son sus características esenciales:

-reducción de un 30% en las cabezas nucleares, hasta un límite de 1.550, y techo de 700 para cohetes o lanzadores.

-posibilidad de ulteriores reducciones sujetas a diversas condiciones.

-un sistema más preciso y garantista de las inquietantes instalaciones nucleares rusas.

Para despejar las reservas de los más reticentes, los negociadores consiguieron incluir algunos elementos que refuerzan la seguridad de Estados Unidos tal y como se contempla desde Washington. Un intento de compensar los avances con las siguientes cautelas:

-modernización de las armas nucleares que continuarán desplegadas.

-ventanas abiertas al sistema de defensa antimisiles, pese a las reticencias rusas.

-el mantenimiento de las armas nucleares tácticas norteamericanas en Europa.

-garantías de que no habrá más reducciones mientras Moscú no acepte rebajar el número de ingenios nucleares de corto alcance esparcidos frente al perímetro europeo.

REARMADOS CONTRA EL DESARME

A pesar de ello, los republicanos más intransigentes se proponen demorar el proceso hasta que se constituya el Senado salido de las recientes elecciones. El otro senador republicano por Arizona, Jon Kyl, portavoz de su partido en el seguimiento de este asunto, ha aducido falta de tiempo para completar el estudio de una materia tan compleja. Pero el motivo que ha bloqueado realmente el avance del proceso ha sido el desacuerdo presupuestario para esa modernización de los arsenales que prevé el Tratado.

La administración ofreció inicialmente alrededor de 80 mil millones de dólares para un periodo de diez años. Como los republicanos consideraban insuficiente esta cifra y se agotaba el tiempo, el gobierno incrementó la cantidad en 4 mil millones más, a desembolsar de forma inmediata, lo que supone una excepción en las restricciones de gasto que afectan a la gran mayoría de los programas gubernamentales.

La puja por los fondos es claramente una maniobra táctica republicana para hacer imposible la ratificación por el Senado saliente. Daryl Kimball, director ejecutivo de la respetada Asociación para el Control de Armas, ha comentado que el senador Kyl está practicando un descarado juego dilatorio.

En la nueva Cámara, la oposición contará con cinco senadores más, lo que dificultará sensiblemente el propósito de la administración. Para que el Tratado sea ratificado, se precisa una mayoría de dos tercios en el Senado (67 votos). Por lo tanto, Obama necesita que, contando con que todos los miembros de su partido (53) voten a favor, 14 de los 47 senadores republicanos que se sentarán en la Cámara renovada respalden la ratificación.

En otras circunstancias, no sería un objetivo desmedido, teniendo en cuenta sunaturaleza estratégica y la tradición de relativo consenso que suele producirse en materia de política exterior entre los dos partidos. Pero en el clima actual, cualquier asunto es bueno para poner al Presidente contra las cuerdas.

RECURSOS Y LIMITES DE OBAMA

El vicepresidente Biden (a la sazón, presidente del Senado) intentó desactivar la maniobra de Kyl y, en un guiño a los moderados e indecisos, advirtió de los riesgos para la seguridad nacional en caso de que se rechacé el NUEVO START.

La Casa Blanca, en cualquier caso, tiene margen para dar la batalla con perspectivas razonables de éxito. Es significativo que uno de los pesos pesados republicanos, el senador por Indiana Richard Lugar haya defendido públicamente la conveniencia de no demorar la ratificación, desmarcándose así tanto de Kyl como de su propio jefe de filas, el ultra conservador por Kentucky Mitch McConnell, quien ha voceado públicamente que el principal objetivo de los republicanos debe ser impedir la reelección de Obama. Lugar es un republicano moderado, uno de los principales expertos en las relaciones con Moscú y, durante años, sólido aspirante no sólo a las Secretarías de Estado o Defensa, sino a la propia Presidencia. Aunque los vientos de su partido soplan violentamente desde la derecha más intransigente y extremista, es muy probable que Lugar pueda conseguir los catorce votos necesarios.

El ex-candidato presidencial y portavoz demócrata de asuntos exteriores, John Kerry, ha añadido que las relaciones con Rusia están en juego. La Casa Blanca no desea que los enemigos del nuevo Tratado en Rusia aprovechen las maniobras dilatorias o, peor aún, las reservas expresas de los republicanos para bloquearlo. Pero más allá de sus ventajas intrínsecas, la administración confía en que el NUEVO START permitirá consolidar un clima positivo con Moscú para gestionar los dos asuntos más delicados de la política exterior norteamericana: guerra de Afganistán y nuclearización de Irán.

Y existe también un asunto de prestigio, que apunta el WALL STREET JOURNAL. Obama le aseguró a su colega Medvedev, en el encuentro privado que ambos mantuvieron hace unos días en Yokohama (Japón), que la ratificación del NUEVO START sería «su asunto prioritario» para la última sesión de trabajo del actual Senado.

Algunos analistas consideran, sin embargo, que la administración no debería empecinarse en una ratificación antes del cambio en el Capitolio. La razón esgrimida es que son mayores los riesgos del fracaso que las ventajas del éxito. Basta que Obama haya hecho saber que le conviene la agilidad, para que los republicanos atasquen el proceso. En este sentido, la Casa Blanca habría servido en bandeja una oportunidad de oro a los republicanos para practicar esa «política de humillaciones en cadena» que se teme desde las elecciones.

Kurt Volcker, ex-embajador norteamericano en la OTAN, en un artículo para CHRISTIAN SCIENCE MONITOR emplea dos argumentos contra el apresuramiento. Por un parte, no debe sobrevalorarse el eventual malestar ruso, ya que las relaciones con Moscú ya han fueron «reseteadas» (sic) con anterioridad. Y, en segundo lugar, que el nuevo Tratado sea ratificado por los senadores que acaban de recibir el respaldo electoral reforzará su crédito político.

En todo caso, estas escaramuzas anticipan un escenario de batalla frontal. Haría bien Obama en reconstruir sus alianzas y esperar poca colaboración de sus adversarios.