Pero, en la forma de su nombramiento, también tiene pinta de haber sido un monumental lío.

Si lo hubieran diseñado así los servicios de inteligencia de La Moncloa debieran escribir un libro de como hacer una crisis de gobierno con el Presidente fuera de España, enfrascado durante una semana en asuntos internacionales, posando para la foto más importante de su mandato y sin posibilidad de informar al Jefe del Estado antes de que salga en los medios de comunicación.

Como no es probable que escriban ese libro, hay que pensar que se han liado, y la causa, como ha reconocido el propio Presidente, ha sido la transparencia y como tampoco creo que el Sr. Rodríguez Zapatero tenga dudas de qué es la transparencia ni de cómo emplearla, debo ser yo el que empiece a tener dudas al respecto.

¿Es transparencia el anunciar la vuelva de las tropas españolas de Kosovo a los propios soldados antes que a nadie? ¿Es transparencia que un medio de comunicación, o varios, tengan la lista de los nuevos Ministros antes que el Jefe del Estado?

Y, en otro orden de cosas, ¿es transparencia que un imputado en un proceso judicial se entere de ello por los periódicos?

Si todo ello es transparencia se podría suprimir el BOE y los autos judiciales, y así ahorrar en gasto público. En caso contrario habrá que pensar que hay servidores públicos que priman en exceso sus deseos de publicidad sobre los de servicio. Que piensan que es más importante publicitar su actividad que desarrollarla. Y que les interesa más una portada que, simplemente, acostarse con la satisfacción del deber cumplido. Y ello les lleva, a veces, a cometer errores, precisamente de comunicación.

A veces el único perjuicio es para el que trata de ser mas transparente, como le ha ocurrido ahora al Presidente del Gobierno, pero otras, como en el caso de Kosovo, hay terceros damnificados como los países aliados de España o como los «imputados periodísticos» que, más tarde dejan de ser «imputados judiciales» por sobreseimiento del caso.

Claro que una cosa es criticar este exceso de transparencia y otra proponer una solución. En un país donde un jefe de espías, como era el Sr. Perote, no pudo evitar el revelar secretos oficiales, resulta muy difícil mantener la boca cerrada durante un tiempo prolongado de tiempo.

Así pues, disfrutemos de la “transparencia” a la española.