La desertización es uno de los mayores retos medioambientales de nuestro tiempo. Afecta casi a una cuarta parte de la Tierra y según se estima podría provocar en los próximos diez años la migración de 50 millones de personas. Estos datos bien los conocen los expertos procedentes de casi 200 países que se reúnen estos días en Madrid para participar en la VIII Conferencia de la Convención de Naciones Unidas contra la Desertización.

La desertización conlleva hambrunas, pobreza, migraciones forzadas, guerras, degradación agrícola e incendios forestales que afectan a millones de personas. Es un fenómeno que nos influye a todos, con más dureza si cabe a los que no tienen nada, como ocurre siempre. Los países desarrollados deben asumir que tienen una mayor responsabilidad que el resto de países del Planeta. Y lo malo no es que muchos no lo asuman, sino que además se niegan a cumplir objetivos como los de Kyoto, de los que parecen mofarse.