Hay quien piensa que los candidatos deberían de haber explicado a los presuntos votantes las razones por las que tenían mas merecimientos que sus oponentes para defender en los próximos años según que cosas en el Parlamento de Estrasburgo.

Y, en muchos casos lo han hecho, pero los medios de comunicación han destacado otras líneas argumentales más «periodísticas» utilizadas en la campaña: desde la culpabilidad de Rodríguez Zapatero en la crisis económica hasta el grado de metástasis en la crisis de vestuario del Partido Popular. Desde la gripe de unos soldados hasta los medios de transporte de los Presidentes de Gobierno. Y desde la comparación entre el aborto y la pederastia hasta la comparación entre la honorabilidad de Camps y la de Fabra.

Por ello, además de los que quieren castigar a Rodríguez Zapatero, de los que le quieren defender, de los europeístas militantes, de los que quieren absolver a los presuntos implicados a golpe de votos, de los antis en general, de los incondicionales y de alguno que estará en el secreto de las cosas, hay un importante sector de la población que posiblemente no encuentre en esos argumentos citados, la motivación suficiente para acudir a «la llamada de las urnas».

Por ello, y habida cuenta del escaso tiempo que queda para motivarlos mediante argumentos más profundos, yo apelaría a sus instintos más primarios y a su capacidad de rebelión: En el fondo, ¿no habrán tratado, con todos esos argumentos, de distraer nuestra atención del debate europeo? ¿No habrán tratado de hacernos olvidar que lo que se decide el día 8 es qué tendencias políticas van a defender los diputados europeos? ¿No querrán aburrirnos? ¿No desearán que no votemos?

Pues entonces, vayamos a votar. Aunque solo sea para decidir qué Presidente de Gobierno ha viajado mejor y más seguro. O para juzgar socialmente la presunta corrupción. O para defender la libertad de elegir de la mujer embarazada antes que la del pederasta. O para opinar sobre la moda valenciana de caballero. Por si esos temas tienen que decidirse alguna vez en Estrasburgo.

Y, si les sirve de consuelo, dicen que en Italia, Silvio Berlusconi, Jefe del Gobierno, organizador de fiestas y dueño del club de fútbol Milan, ha retrasado hasta el lunes el traspaso de Kaká desde ese club al Real Madrid para que no influya en las elecciones de su país.