Con una organización impecable, los mineros alcanzaron Moncloa rodeados de un servicio de orden encabezado por los Bomberos de la capital, que imponía el ritmo de la marcha para poder abrirse paso entre una multitud que aplaudía sin cesar. Los aledaños de la calle de la Princesa, y posteriormente la Plaza de España y la Gran Vía, estaban repletas de ciudadanos de todo tipo, muchos de ellos vecinos de los portales aledaños, que comentaban la dignidad de esta lucha obrera.

No se ha valorado suficientemente la importancia de esta protesta. La justa reivindicación del colectivo de la minería puede servir de aglutinante y extenderse a otros sectores de trabajadores en lucha, afectados por los recortes abusivos y por la contrarreforma laboral del Gobierno del Partido Popular, llevados a cabo sin contar con nadie y sin escuchar a nadie. La indignación está prendiendo, en una sociedad a la que no se le proporcionan soluciones justas a la crisis y a la que cada día se machaca con más recortes sociales de servicios públicos esenciales y más subidas del IVA, de la luz, de los transportes públicos, etc., mientras se corre veloz para sanear con dinero público entidades financieras reventadas por la especulación y la burbuja del ladrillo.

Los mineros le han pedido al Ministro Soria que mantenga las subvenciones de 200 millones de euros al carbón para acabar el 2012, como estaba pactado, y que paulatinamente se vayan reduciendo, pero proporcionando una solución a las cuencas, donde habitan miles de personas que dependen de esta industria para subsistir. No pueden eliminar el carbón, así, de un plumazo y sin ofrecer alternativas de empleo. El Gobierno debe escuchar a los mineros, y, sobre todo, debe atenerse a lo pactado y dar una solución de empleo y de futuro para las gentes que habitan las cuencas. Nadie entiende que no haya 200 millones para aguantar el empleo en la minería y sí se pueda contar inmediatamente con miles de millones para sanear Bankia, o cualquier otra institución financiera en apuros.

La marcha minera puede convertirse en el detonante que haga cambiar la tendencia política y social de atonía que existía hasta ahora. Es un símbolo de justicia que los ciudadanos ven muy claro. Los mineros representan el orgullo del movimiento obrero en España. Su lucha es justa. Y las luchas justas hay que tenerlas en cuenta. Muchos de los colectivos que claman en Madrid contra los recortes de los servicios públicos del Gobierno del PP estaban apoyando a los mineros el día 10, porque la lucha es la misma. Se oía corear “esta es nuestra lucha”, “la lucha es de todos”, “si esto no se arregla: guerra, guerra, guerra”…Los profesores con sus camisetas verdes, los funcionarios públicos con sus camisetas negras –con el lema “yo tuve derechos”-, personas pertenecientes al movimiento 15-M, militantes de los partidos de la izquierda (PSOE e IU sobre todo) y de los sindicatos (CCOO, UGT; USO, CNT, CGT…estaban todos) y miles de ciudadanos anónimos y sin filiación manifiesta, que empatizan con esta lucha digna y necesaria, se dieron cita hasta más de las tres de la madrugada en el centro de Madrid. Un Madrid en el que el Gobierno de Aguirre ha cerrado el metro a partir de las doce de la noche. Por eso tiene mucho más mérito que más de cien mil personas abarrotaran la Puerta del Sol pasadas las dos de la madrugada para recibir a los mineros y sus acompañantes.

La columna de mineros tenía previsto terminar su recorrido delante del Ministerio de industria el día 11 de julio. A las once de la mañana comenzó una multitudinaria marcha, todavía más impresionante que la de la noche anterior, que salió de la plaza de Colón y terminó delante del Ministerio. Los líderes sindicales de CCOO y UGT, Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez, pusieron el broche final a esta jornada de lucha con su apoyo a las reivindicaciones de los mineros y una crítica contundente a las nuevas medidas de ajuste duro e injusto -que significan en la práctica el mayor recorte de la democracia- anunciadas en el Parlamento por Rajoy a primera hora de la mañana. Cuando todo parecía que había concluido se iniciaron una serie de cargas policiales y enfrentamientos que se saldaron con 76 heridos y 8 detenciones, dejando un panorama muy desolador en las inmediaciones del ministerio.

Por la tarde continuaron las protestas en el centro de Madrid, y por la noche se produjeron numerosos incidentes y enfrentamientos en la Puerta del Sol que se alargaron hasta pasadas las once de la noche.

La indignación de los ciudadanos está creciendo de día en día ante el desmantelamiento del Estado del Bienestar, los recortes sociales sin precedentes y el encarecimiento de la vida. Estos mal llamados «ajustes» económicos están recayendo sobre las clases trabajadoras, y dejan libres de cargas a los sectores más pudientes de la sociedad.

El Gobierno del PP se está equivocando. Lo de los mineros puede desembocar en algo más profundo cuando la indignación crece y se va convirtiendo poco a poco en rabia. Casi cien años de lucha en la minería iluminan la conciencia histórica de los trabajadores españoles, que ven de forma clara la justicia de sus reivindicaciones, y que la sienten como propia, porque las medidas regresivas -que se están aplicando con la excusa de la crisis- nos afectan a todos. Como declaró a un medio de comunicación uno de los mineros que han marchado hasta Madrid, “no me cansaré, aguanto como un martillo al sol”. Y así es, desde las huelgas de 1917, pasando por la Revolución de Asturias de 1934 y las huelgas en los años sesenta durante la dictadura, hasta la ‘marcha negra’ de 2012, casi cien años de generaciones de “martillos al sol” nos contemplan. Rajoy debe tomar nota.