Aguirre, Acebes y Zaplana se han despachado a gusto contra las, en principio, legítimas y normales aspiraciones de alguien que está en política, como Gallardón. El problema de fondo no está en la intolerancia exagerada del trío de marras, sino en la proyección dubitativa de la imagen de Rajoy que resulta de estos rifirrafes, y en la indefinición estratégica del PP, que aún no se sabe si finalmente apostará por la estrategia de la bipolarización que hasta ahora había dado buenos resultados a algunas fuerzas y líderes ultra-conservadores, entre ellos el propio Bush, o bien se inclinará por enfoques más englobadores y matizados, con más acentos centristas y mayor disposición para llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas.

Los datos de otros países, sobre todo de Estados Unidos, parecen indicar que la estrategia de la bipolarización no sólo ha producido resultados políticos desastrosos, sino que está agotada electoralmente y que los espacios centristas están en ebullición, como también se vio en Francia en las últimas elecciones. De ahí, la necesidad de seguir con atención las iniciativas integradoras de Sarkozy, cuyo último “fichaje” ha sido el propio ex jefe de Gobierno socialista, Michael Rocard.

En el PSOE los movimientos veraniegos también se conectan con la problemática del desguarnecimiento del centro, pero de una manera más compleja y entreverada de otros elementos importantes, como la cuestión nacional. La formalización pública de la deserción de Rosa Díez y el anuncio de un nuevo partido político, que aspira a captar votos en los espacios de centro progresista no nacionalista, no es algo que deba minusvalorarse, sobre todo mientras el PSOE continúe presentando déficits de integración interna. Lo ocurrido en Navarra tampoco presagia nada bueno, al tiempo que será necesario calibrar los desgastes que hayan podido producir los problemas de infraestructuras en Cataluña.

Estas marejadas en el PSOE han venido justo después de lo que parecía un momento dulce, tras el último debate del Estado de la Nación y la acogida positiva del apoyo a la natalidad con 2.500€. El eco de esta iniciativa, más allá de las objeciones técnicas que se han formulado y de la posibilidad de haber planteado otras alternativas, revela que el PSOE tiene en las políticas sociales y de apoyo a la familia un importante filón electoral. De ahí la necesidad de profundizar en esta dirección.