Si una palabra tuviera que sintetizar el debut de Chandor como director y guionista de un largometraje, no es otra que, la de “escalofriante”. Un relato que emociona pero sobre todo estremece. Una película ambientada en el arriesgado mundo de las altas finanzas, con un hilo argumental bien tejido que describe como un número reducido de personajes sin escrúpulos logra con sus acciones perjudicar a casi todos. Vanidad, cobardía, vacío existencial, inconsciencia, relativismo moral o, simplemente, egoísmo son algunos de los calificativos que definen a sus protagonistas.

La historia se inicia en las horas previas de la crisis financiera de 2008. Cuando Peter Sullivan, un analista junior, revela información que podría llevar a su empresa a la ruina, produciendo una toma de decisiones en cadena tanto personales y profesionales, como éticas y financieras.

El cine, como todos nosotros, sigue intentando explicar o al menos interpretar las causas de esta crisis económica que parece no tener fin. En esta ocasión, nos da un retrato descarnado de lo que cada vez es más evidente: nada podíamos hacer, y nada podremos hacer en el futuro, cuando esto se repita. Chandor lo sabe, y lo proclama sin disimulo. Es una visión excesivamente inclinada a aceptarla como inevitable, es decir, asentada en la inmovilizadora resignación. Auténtica anestesia que adormece a nuestras actuales sociedades.

“Margin call” cuenta con numerosas escenas y diálogos brillantes. Es memorable, inolvidable, la secuencia del ascensor que enfrenta a los prepotentes yuppies con la mujer de la limpieza. También compite en los mismos elogios el monólogo de Stanley Tucci en las escaleras de su casa en Brooklyn.

Sin duda, uno de sus puntos fuertes es el espectacular reparto con el que cuenta. La profesionalidad de los intérpretes refuerza esta historia que a pesar de conocerla nos mantiene en constante atención. Su ritmo narrativo trepidante nos descubre los orígenes de su director en el ámbito certero de la publicidad.