Un oyente sensible para el que la única fuente de información sobre el estado de la educación en España fuese la intervención de Mariano Rajoy en la citada Semana, es muy probable que quedase entre sobrecogido y perplejo.

Sobrecogido primero porque el desastre en el que se halla sumido el sistema educativo español es de tal magnitud, que, al parecer, no merece la pena que el orador dedique un momento de atención ni a su descripción ni a su análisis. Sobre el diagnóstico es sabido que coinciden propios y extraños, como hay también coincidencia en el señalamiento de quiénes son los culpables de todo esto si se tiene en cuenta que desde la Transición hasta nuestros días «todas las leyes educativas que se han aprobado en España han sido elaboradas y aprobadas por gobiernos socialistas».

Tras el sobrecogimiento producido por la exposición de tan catastrófico panorama, nuestro oyente se vería sumido en un estado de perplejidad al oír desgranar al orador aquellos aspectos de la educación que merecen prioritariamente su atención, dado que parecen de una insoportable levedad en relación con la gravedad de la situación de la educación descrita como introducción.

Por el lugar, el primero, y por el espacio dedicado, el más extenso, el problema más importante de la educación es que existe un importante déficit en materia de libertad de enseñanza, concretamente en la libertad de elección de centro docente. La libertad de enseñanza no parece garantizada ni con el vigente sistema de concertación con la enseñanza privada ni con la normativa que facilita el ejercicio de la libertad de elección entre toda la oferta existente de centros públicos y privados. De los dos pilares sobre los que se sustenta la educación, enseñanza pública y la privada-a la que el orador gusta llamar de «iniciativa social»-es este último pilar el que parece sufrir un insuficiente desarrollo.

Como segundo aspecto de la educación a tomar en cuenta aparece el problema del profesorado. Y no porque no sea su papel esencial en la educación sino porque cuando hay una coincidencia general en que los problemas del profesorado son los de su formación inicial, estatus y carrera docente, resulta, y de ahí la perplejidad del oyente, que el problema es que carece de libertad suficiente para hacer su tarea a causa, al parecer, de un excesivo peso de los reglamentos. Falta de libertad que desgraciadamente va acompañada de falta de autoridad como «mando» y falta de autoridad como «prestigio y crédito por su legitimidad, su calidad o su competencia en una materia».

En este panorama general de la educación española que se ofrece a nuestro oyente el tercer problema sobre el que llama la atención el orador es que nuestros centros no sólo parecen estar atestados de profesores sin autoridad, no sólo de mando sino académica, sino lo que es tanto más grave pululan por ellos multitud de alumnos que al parecer ni se esfuerzan ni son invitados por sus profesores a esforzarse. Los centros que deberían ser espacios de trabajo parecen haber devenido” en espacios de convivencia como un parque, un bar o una plaza”.

Dos aspectos al parecer menores, aparecen como últimas preocupaciones del orador. En primer lugar se trata de la falta de diseño, o de diseño correcto, de «un tronco educativo para todos los alumnos españoles que responda a nuestra cultura y tradición» y en segundo lugar se echa de menos una apuesta suficiente por la educación en valores.

Hasta aquí el resumen de lo dicho por el orador sin más añadidos que la descripción de las sensaciones de sobrecogimiento y perplejidad atribuidas a nuestro oyente. Un resumen cuya fiabilidad puede contrastarse leyendo el texto de la intervención en la página Web del PP.

A partir de aquí algunas apostillas que podrían servir para sacar a nuestro oyente de su estado de sobrecogimiento y perplejidad y ofrecerle algunas informaciones complementarias.

La intervención de Mariano Rajoy debe ser leída en clave preelectoral. Su precedente más inmediato es el documento del PP presentado como alternativa a la propuesta del pacto escolar formulada por el ministro de educación. Su interés para la sociedad en general y la comunidad educativa en particular radica en que el programa educativo se presenta con algunas cautelas pero no tantas como las que suelen acompañar a los programas de gobierno en general y de política económica en particular del PP.

Nuestro sistema educativo no se encuentra evidentemente en situación catastrófica. Y la prueba es que Mariano Rajoy no ofrece ningún dato que refrende esa situación. Tiene simplemente los problemas derivados de un sistema en crecimiento. Otra cosa es que por motivos electorales le interese dramatizar la situación. Véase más adelante còmo se describe la situación de nuestros profesores, alumnos y centros.

Cuando Mariano Rajoy culpabiliza a los gobiernos socialistas de nuestra mala educación omite dos datos. Que El PP ha gobernado también la educación durante ocho años, y que el PP gobierna y ha gobernado la educación, durante períodos mayores de ocho años, en un número importante de comunidades autónomas.

Cuando Mariano Rajoy culpabiliza a las leyes educativas socialistas de la mala educación incurre en la creencia, tantas veces tachada de falsa, en la capacidad transformadora de las leyes. Se engañan tanto el PP como el gobierno de la nación manteniendo la ficción de que la mejora de la educación depende del gobierno promulgando leyes y no de las comunidades autónomas gestionando con eficiencia, cuando lo que ocurre es más bien todo lo contrario.

Detrás de todos los juegos de palabras en torno a los dos pilares de la educación (enseñanza pública y enseñanza de iniciativa social) y sus papeles respectivos, detrás de todas las referencias a la bondad de la libertad de elección de centro, como si ésta fuese desconocida en nuestra legislación educativa, está la promesa implícita de apoyo a la llamada enseñanza de iniciativa social, que es la que goza en el PP de todas sus complacencias y de cuyas muestras explícitas dan fe las comunidades autónomas de Madrid y la valenciana. La insólita afirmación de que «un proyecto de regeneración del sistema educativo debe apoyarse en la libertad de elección» es tan descabellada, si de lo que estamos hablando es de educación, que sólo puede entenderse como un guiño a intereses neoliberales o neoconservadores.

Aunque existe la costumbre generalizada de que todas los discursos tanto políticos como académicos sobre educación, incluyan una loa sobre el papel del profesorado en la educación, esté las recibe con una muy mezcla de ironía y escepticismo. Lo que es difícil averiguar es qué pensarán los profesores de la tradicional loa del discurso de Mariano Rajoy al papel del profesorado, cuando esta va seguida de la propuesta de devolverle no ya la autoridad como mando sino también la autoridad como prestigio y crédito, autoridades ambas que al parecer han sido perdidas . Aunque si es verdad, contra toda evidencia, que nuestro profesorado ha perdido no sólo el mando, sino el prestigio y el crédito, el sistema educativo español está en situación terminal y problemas como los de la libertad de elección de centro son banales y en ningún caso prioritarios.

La percepción que la inmensa mayoría de las familias tienen de la educación de sus hijos es que estos pasan en las escuelas un importante número de días lectivos, de que los horarios están más bien sobrecargados y de que los alumnos encima tienen que hacer deberes en casa. No se sabe por tanto quien le ha contado a Mariano Rajoy que los alumnos no sólo no se esfuerzan sino que los centros docentes a los que asisten, en vez de ser espacios de trabajo, son espacios de convivencia como un parque, un bar o una plaza. Una explicación plausible a esta pintoresca aseveración es que la fórmula utilizada es un invento para criticar la comprensividad, una crítica que al parecer exige un esfuerzo al que al parecer no esta dispuesto a someterse el líder de la oposición.

Sobre el diseño de un tronco educativo para todos los alumnos españoles que responda a nuestra cultura y tradición Mariano Rajoy pasa como sobre ascuas. No sabemos si lo que ocurre es que no hay tal tronco, el tronco está dañado o le han salido las ramas prematuramente. De la educación española parece importarle muchísimo más una inexplicada amenaza a la libertad de elección de centro docente que la deriva de los sistemas educativos autonómicos. Cuando se espera que la derecha patriótica de la cara por un sistema educativo nacional la da por los centros privados de iniciativa social, es decir por los empresarios de la enseñanza y por la Iglesia.

Y por último, una cosa es que el PP esté deseoso de acometer un profundo cambio y revisión del sistema educativo y otra cosa muy distinta es que exista un clamor social en esa dirección.