A partir de estas certidumbres, antes de lanzar las campanas al vuelo hay que reflexionar sobre algunos datos:

1. La abstención, la más importante constatada en elecciones, alcanzó casi un elector de cada dos. Esta abstención no es apolítica. Se abstuvieron tres millones de electores de derecha para señalar su descontento en unas elecciones de ámbito regional que no podían modificar ni el Gobierno ni su política. Dieron un aviso. En las elecciones precedentes, las Europeas de hace menos de un año, fueron los votantes de izquierda los que se quedaron en casa para dar un aviso a los socialistas. Este «va y ven» de la abstención tiene por lo tanto gran calado político y no debe interpretarse como sencilla indiferencia de los electores.

2. En los barrios «calientes» donde el paro alcanza el 40%, la abstención llegó en algunas oficinas electorales ¡al 85%! ¡Los más pobres son los que menos votan! Las elecciones no significan nada para ellos, como si estuviésemos en el siglo XIX. Esto debe llamar la atención a las izquierdas porque significa un indiscutible peligro para la Democracia.

3. La ley electoral a dos vueltas que permite coaliciones entre los dos turnos y las somete a la ratificación de la opinión popular permitió el triunfo de las izquierdas. Pero es una victoria que no se parece a las del PSOE en las generales. Es más bien el equivalente de un Tripartito al estilo catalán, y sabemos de las dificultades que ello conlleva.

4.El voto de la extrema derecha que resucita y alcanza en alguna región el 23% perturba el resultado electoral. En Francia la extrema derecha se enfrenta a la derecha. No así en España donde la extrema derecha está metida, escondida, disfrazada, en el Partido Popular y con mucho peso.

5. En Córcega, única región donde se plantea con agudeza y violencia el problema del nacionalismo separatista, los nacionalistas pacifistas y violentos suman un 35% de los votos, lo nunca visto.

Podemos entonces concluir que el elector francés ha tenido actitudes bastante motivadas, a pesar de las sensación que da la enorme abstención. Ha demostrado que es poco «adicto» a una opción definida y de manera eterna. Escoge, elimina, con bastante sutileza, quizás porque tiene una ley electoral que permite que su voluntad se manifieste. Recordemos que el Gobierno de derechas ha decidido cambiar la ley electoral de las regiones para que esto no pueda seguir así.

Si añadimos a la indiferencia de los barrios desfavorecidos, la pujanza de la extrema derecha y el brote nacionalista de Córcega podemos intuir que la crisis está favoreciendo una crisis social.

Debemos concluir también que las elecciones esenciales son las presidenciales, las generales, siendo sólo una apéndice de éstas últimas. Para las presidenciales no puede haber coaliciones, quedan sólo para la segunda vuelta los dos candidatos con más votos: esto permitió que el Frente Nacional de extrema derecha eliminase al candidato socialista en 2002. ¿Resistirá el nuevo Tripartito de ámbito regional a este reto? ¿Están hoy por hoy preparadas las izquierdas para este tipo de elecciones? Hoy no, pero lo pueden si cambian el camino escogido. Nos guste o no nos guste las elecciones presidenciales son cuestión de candidato antes que de programa.