Y aquí estoy quizá en desacuerdo con José Félix Tezanos. En efecto la petición del célebre juez no me parece tan alocada como parece. Creo que hay que comprobar que Francisco Franco, general, etc. ha muerto. Porque yo no estoy tan convencido que sea cierto.

Primero porque en nuestras conversaciones siempre acompañamos cualquier citación de un fallecido con el consabido ¨que en paz descanse¨. Y a mí no me agradaría que en paz descansase el Generalísimo. También hay que decir que los que pregonan el olvido del pasado no paran de editar páginas y páginas intentando justificar su acción, cuando lo único que consiguen es quitarse la careta.

Y con ello entramos de lleno, no en el examen del pasado, sino en la actualidad candente del presente. Siempre me extrañó la ausencia en los análisis de los políticos y de los politólogos o periodistas de un hecho realmente curioso: España goza, desde las elecciones de 1977, de un extraño privilegio entre las democracias europeas, anglosajonas aparte: ¡tiene un electorado de extrema derecha al cero por ciento! Evidentemente para los revisionistas esto se explica porque no hubo nunca extrema derecha en nuestro país, ya que el franquismo no era ni falangista, ni fascista, ni tradicionalista, ni nazi, ni monárquico, a lo sumo nacional católico, orgánico, lo que es según ellos muy honroso, con un ápice de “paramimismo”. Un más serio análisis evidencia que esa extrema derecha sigue con gran fuerza, como es tradicional en nuestra Historia, pero que ha estimado conveniente avanzar a cara cubierta ocupando posiciones de fuerza en la derecha actual. No se puede decir infiltrando la derecha ya que son demasiado numerosos para que sea correcto utilizar esta expresión. Los primeros en saberlo son quienes, en el PP los tienen que afrontar a diario, especialmente hoy. Polémicas, como el de las fosas comunes, que no deberían serlo, tienen la virtud de situar a la gente, el último debate en TV con el Señor Fraga Iribarne en el cartel es ejemplo de ello. La posición de defensa de la Derecha es pregonar el olvido cuando tendrían que pedir el perdón. Desde mi exilio aprendí que tuvieron suerte mis padres en poder escapar a la ¨bondad y caridad cristiana¨ del Caudillo. De no haber podido cruzar la frontera, de seguro hubiese sido huérfano de padre a los seis años. Puedo perdonar, en realidad hace lustros que el exilio ha perdonado y esta demostrado, pero ¿olvidar?, ¡un cuerno, Señor Fraga!