Autónomas. No es así, al haberse sobredimensionado Andalucía para tener mayor representatividad provincial. La consecuencia es que una opinión en Madrid vale por tres personas (ponderación de 3.12) y otra de Barcelona vale por dos y media (ponderación de 2.6). Es decir, el diseño deja que desear. No es lo mismo 2400 entrevistas distribuidas en 31 municipios en Madrid, que las 748 realizadas. El efecto de estas ponderaciones es doble: afecta a la significación real del estimado y suaviza la posible variabilidad. Nada especialmente dramático si se tiene en consideración.

Un aspecto que ha tenido cierta repercusión es el 38% de los que, no sabiendo a quien votar, dudan entre PSOE y PP. Ellos suponen el 9,7% del voto sobre censo. También es interesante el 6,2% del recuerdo de voto que dice transferir su voto desde el PSOE en 2004 al PP en 2008. No es un porcentaje desdeñable. Suponen 357 entrevistados, y un 9,2% de la intención de voto directa al PP. La lección inexperta de estas mediciones es de transferencia y de indecisión de voto entre PP y PSOE. Fue de hecho parte de las argumentaciones de la década de los noventa. Basta tirar de hemeroteca para leer como analistas que ahora predican la importancia de la participación, entonces basaban todas sus interpretaciones en base a transferencias entre PP y PSOE. Por mi parte, la primera vez que se apreciaron transferencias de este tipo fue en las encuestas preelectorales de 1993. En el análisis de algunas de ellas, Rafael Delgado se empeñó en determinar que consistencia tenía esa transferencia potencial. Una semana de análisis de perfiles (corroborado por los resultados de 1993) dio por respuesta: ninguna consistencia. Hay un tipo de votante PP que “castiga” de ese modo al PSOE. En base a estudios cualitativos posteriores: es un elector que afirma recuerdo de voto PSOE para, tras criticarlo a muerte, preferir en intención al PP.

La lección aprendida es que en determinadas elecciones “criticas” puede darse una sobreestimación del recuerdo de voto, en este caso al PSOE. No parece haberse tomado en cuenta en estos modelos que se basan exclusivamente en la ocultación del recuerdo de voto al PP. Mucho más decisiva es la ocultación de simpatía al PP. Dado que el recuerdo esta viciado en los dos sentidos, mejor sería operar en el plano de las mediciones mediante análisis de consistencia y métodos de imputación y filtrado. En definitiva, la encuesta empleada como medición es hoy por hoy consistente entre estudios. Mínimo entre ocho y diez puntos sobre censo a favor del PSOE. No es una predicción. Es una medición del hoy. Hablemos de predicciones.

En ese sentido, hablar de un empate podría tener eficacia como estrategia de campaña, para animar a los votantes por la proximidad de resultados. Lógicamente, más beneficioso (por motivador) para el PP, el lema de podemos lograrlo, que para el PSOE (por defensivo) con la idea debemos pararlo. Sin embargo, la evolución de la precampaña da la impresión de que van en serio. Es decir, el PSOE esta operando tomando la predicción de empate como un diagnóstico de lo real (la medición) y el PP usando lo real como referente de campaña. ¿Cuál es la realidad para el PP?. Diez puntos de diferencia, con el PSOE por delante. Consecuencias de campaña: búsqueda del cuerpo a cuerpo, intensificar el deterioro de la imagen del PSOE. Rajoy quiere debates. Como sean. El que va perdiendo es el que los busca. Posiblemente, al basarse en la predicción, hay dos elementos que subestima la estrategia PSOE: la extrema desvergüenza de algunos los líderes del PP y el recurso del populismo. Dudo que Pizarro hable en el debate de macroeconomía y reflexiones profundas. Hablara de lo evidente, el conejo, el pollo, lo caro que esta todo, las dificultades para llegar a fin de mes, los intereses y las hipotecas. El paro y los inmigrantes. Eso el electorado lo entiende y lo vive. La altura de un debate la puede imponer uno solo de los participantes. Además el efecto del debate retransmitido por los medios de comunicación es electoralmente superior al debate mismo. Posiblemente, como especulación, algún medio tenga ya un borrador de los resultados de los debates no realizado.

El PSOE parece que se toma en serio la predicción del empate. Y condiciona su campaña. Un error importante es confundir la encuesta como instrumento de medición y la predicción electoral. Esa confusión puede hacer que la profecía se autocumpla. Hoy por hoy el empate es una especulación, producto de un modelo, basado en presunciones incompletas. Hay ocultación de recuerdo de voto PP, pero también de sobreestimación del recuerdo de voto PSOE. La ocultación de simpatía es una novedad respecto a la aplicación pasada del modelo. Cuando algún compañero me pregunta como crees que estamos, le contesto “ahora a diez de ventaja, mañana quizás empatados”.