Simplemente aquí voy a reflexionar sobre lo sucedido sin la pretensión de realizar valoraciones.

En los años 30 en Europa se vivía un ambiente prebélico, los comunistas que creían inminente la Revolución y el advenimiento del paraíso soviético; los países fascistas, sus enemigos radicales, y las democracias, que no pudieron evitar la guerra general que les afectó directamente. En España la situación era más grave, las influencias de los contendientes europeos llegó a extremos como por ejemplo las pintadas en Madrid que pedían “libertad a Thaelmann”, y además con la llegada de la República y su impulso democrático y de modernización, las fuerzas tradicionalmente reaccionarias adoptaron una preocupante beligerancia, y el ambiente era de enfrentamiento y violencia. Se llegó al asesinato, el líder fascista preconizaba la “dialéctica de los puños y de las pistolas”. Con la sublevación militar todo explotó, el Frente Popular definió dos bandos y la pertenencia a cada uno de ellos, generalmente eso es lo que contaba, no circunstancias personales, verbi gratia la Iglesia Católica tradicional y radicalmente alineada, como era notorio, con los partidos de derechas y con el poder político y económico, los que a su vez la imponían en la sociedad, y así no había curas buenos y curas malos, por ser miembros de esa institución para el otro bando eran simplemente enemigos, más radicales desde su declaración de Cruzada.

Por todas partes por todos los rincones de España se desató la furia homicida, empezaron los famosos “paseos”; conocemos hechos tan terribles que hoy nos parecen inverosímiles. ¿Cómo pudo ocurrir? ¿Cómo personas que habían sido normales, pacíficas, fueron presa de aquella locura?

Un acontecer recurrente en el homo sapiens sapiens desde que existimos son las guerras y las matanzas. Otras especies combaten por el alimento y por el territorio; pero nuestra cruel especie, aparece en la evolución con un desarrollo encefálico superior, siendo capaz de un pensamiento simbólico y ahí radica otra causa de guerras; las religiones, las patrias, las banderas, los racismos.

El Profesor Susumo Tonegawa premio Nobel en 1987, actualmente director de un laboratorio de neurociencia en el MIT, -santuario de la investigación científica mundial-, decía recientemente en una entrevista a propósito de guerras actuales: cómo es posible que personas que si hablas con ellos de tú a tú son muy amables (disculpe el amable lector que aquí no cite nombres por no entrar en otro tema), pueden enviar tropas que van a matar a un montón de gente inocente, y concluye que no entendemos como funciona el cerebro humano. En este tipo de consideraciones incluimos lo sucedido en España durante la Guerra Civil.

Desde que Descartes hace del pensamiento el principio de certeza liberándolo de los dogmas, comienza un periodo de progreso en Occidente, en que prevalecen los dictados de la razón sobre el fanatismo y las soluciones por la violencia, la Ilustración, y fruto de ella la democracia moderna, el Estado de Derecho y los Derechos Humanos, y consecuentemente aquello actos feroces ahora son Crímenes contra la Humanidad; quizás con la tipificación de los mismos muchos gloriosos personajes históricos hoy serían criminales; pero es sólo Historia, no hay ya ningún individuo que tenga la memoria, o sea un recuerdo personal, que le haga sentir ciertas vivencias; en lo que se refiere a la memoria de las instituciones habría que hablar pero no es este nuestro tema ahora.

Quizás encaja aquí lo que menciona el Prof. Tonegawa, pues a pesar del progreso se siguen produciendo aisladamente aquellos actos feroces: vg. nuestra Guerra Civil, el abominable nazismo.

Lo que escapa a cualquier categorización, es la represión del franquismo después de la guerra, en algún caso quizás los vencedores pudieran calificarlo de traición, en general se trataba de un enemigo político militarmente derrotado, totalmente bajo control, sometido, desprovisto de derechos, sin capacidad para ejercer ningún tipo de oposición; aquí no había ningún odio racial ni de fanatismo religioso para la fría ejecución de seres humanos que se realizó.

Hoy en la política española la lucha se realiza mediante elecciones libres y el debate democrático; a veces con un juego sucio de descalificaciones e insidias, pero el recurso a las pistolas es inconcebible. Ahora ha surgido la memoria de lo que ocurrió como una asignatura pendiente de nuestra convivencia actual, hay un consenso expreso o tácito de que mantener esta convivencia es hoy irrenunciable. Se planteó ya hace unos años cuando se habló de reconciliación nacional lo cual implica que no haya buenos y malos y que vencedores y vencidos sean iguales en todos los juicios y valoraciones, contemplados bajo el mismo rasero; y por tanto como durante todo el franquismo los muertos de un bando eran honrados, y los del otro, las “hordas rojas”, malditos; en muchos casos arrojados a fosas comunes en el anonimato.

¿Qué decir de los dirigentes?; es bien conocido el caso de uno que vive porque pudo exiliarse y se le ha atribuido una supuesta responsabilidad en ciertos fusilamientos, pero del que nadie ha dicho que manejara pistola o diera “paseos”, en el otro bando parece que hubo uno que si lo hizo y luego fue Ministro y muy loado.

Ahora se trata de honrar en lo que sea todavía posible a los que fueron execrados, reparar moralmente esta injusticia, no de reabrir heridas sino de cicatrizarlas porque estaban latentes, procurando actuar previendo las consecuencias, la ética de la responsabilidad que decía Max Weber, evitar acusaciones o discursos revanchistas y así en nuestra memoria quedaremos todos en paz, todos iguales.