“Todos somos aborígenes en nuestra tierra, porque esa palabra significa ‘originario del suelo en el que se vive’, y al mismo tiempo todos somos inmigrantes, porque nuestros antepasados vinieron de algún sitio”. Así se expresa Juan Luis Arsuaga -científico paleontólogo que dirige las excavaciones en la cueva de Atapuerca- en uno de los últimos capítulos del libro “Mi primer libro de la prehistoria. Cuando el mundo era niño”, un trabajo en el que Arsuaga explica la historia de la evolución a los niños y niñas (de entre ocho y doce años) con un lenguaje sencillo, como si de un cuento de aventuras se tratara. Además, tiene el valor añadido de que explica la evolución humana desde valores de respeto a los derechos humanos y de conservación del medio ambiente, la naturaleza y las especies, haciendo la advertencia a los más pequeños de la necesidad de proteger las selvas de la Tierra, donde viven los grandes monos, que son “nuestros parientes más cercanos”. El autor recomienda a los niños la conservación de las especies como una obligación y añade: “perdonadnos por todo lo que hemos destruido y sed vosotros mejores”.

El texto está acompañado de unas ilustraciones excepcionales de Sonia Cabello, que ha conseguido que las imágenes tomen casi movimiento, emulando esas figuras tan bien trazadas por nuestros antepasados en cuevas y grutas.

Recomiendo este libro porque enseña, entretiene y homenajea a Darwin -que no es poco en los tiempos que corren-, recordando que gracias a él -que hace un siglo y medio escribió “El origen de las especies”- se abrió la puerta para que nos pudiéramos conocer mejor a nosotros mismos, y comenzáramos a contestar a esa pregunta de quienes somos y de dónde venimos. Gracias a Darwin, y a todos aquéllos científicos como el propio Arsuaga, el pasado de la humanidad se ilumina cada día un poco más.