Si quiere pasar una buena y razonable tarde de cine que le deje acabar el día con una moderada serenidad, sencillamente, no elija esta película. Con ello, no quiero decir que no sea en conjunto aceptable, es incluso buena técnicamente y especialmente en el apartado de la interpretación, pero sin ambages es más de lo que nos tiene acostumbrados Jaume Balagueró, historias rebuscadas que sorprenden en su contenido y desde luego nos hacen dudar, desconfiar de todos y de todo lo que nos rodea. En esta ocasión, ha sustituido lo fantástico de «Los sin nombre» y de la saga «Rec» por lo cotidiano, aproximando el terror a esas cosas y personajes que nos encontramos todos los días. La verdad es que es lo que nos faltaba en estos momentos que nos toca vivir, mirar de reojo a los que nos rodean.

César (Luis Tosar) es portero de un edificio de apartamentos de Barcelona. Es atento y servicial, no genera problemas, parece un tipo normal. Pero en realidad es un sociópata obsesionado con controlar la vida de los vecinos, especialmente la de Clara (Marta Etura). El resto, dejen volar su imaginación y sin duda no lograran adivinar lo que va a ocurrir.

Hay que reconocer la capacidad de mantener la atención y sobre todo de inquietar al espectador con sus cintas, y en esta ocasión Balaguero de nuevo lo consigue. El guión, una vez aceptada la idea de un personaje tan malvado como César, está insuficientemente articulado y no por falta de elementos sino porque se agolpan y llegan a ser poco sorpresivos. Sin duda, la mejor escena es la de la intimidación a la niña que le chantajea, sin hacer de menos a la despedida cruel y perversa que le dedica a la anciana vecina.