Por ello, sin caer en las exageraciones interesadas de algunos críticos, una situación tan singular debe ser objeto de alguna meditación que aporte conclusiones útiles para evitar que en el futuro se produzcan repeticiones de comportamientos que puedan transmitir al ciudadano impresiones de deserción y de exagerada “personalización” de la política. Es decir, lo que muchos ciudadanos no entienden es por qué se asume ser diputado y se apuesta por una actividad centrada en la política activa cuando se es Ministro y se opta por otras posibilidades y perspectivas cuando se deja de serlo. Desde el punto de vista de los representados, hay que entender que se produzca una cierta decepción cuando se comprueba que aquellos que se presentaron como candidatos estelares en un momento dado, una vez retirados del primer plano acaben abandonando el Parlamento. En algunos casos los votantes pueden llegar a pensar que han sido un tanto engañados, sobre todo en casos como el de Pedro Solbes, que fue presentado en las últimas elecciones legislativas prácticamente como el “patrón” indiscutible de la política económica de Rodríguez Zapatero.

Personalmente creo que los enfoques de Solbes no son los más apropiados para intentar salir de la crisis económica actual y que su cese-dimisión fue inevitable. Pero esa no hubiera sido la cuestión relevante si no se hubieran producido los abandonos actuales. En política hay que saber estar en mayoría y en minoría y cuando se asume un compromiso político hay que estar dispuesto a permanecer tanto cuando te enfocan las luces, como cuando se está en la sombra. Posiblemente los que no pertenecen formalmente a un partido pueden entender – legítimamente – que su compromiso político es de otro tenor. Entonces el problema estará en la necesidad de comprender que la participación de muchos “independientes” en tareas de alta responsabilidad entraña tales riesgos. Por lo tanto, si no se está dispuesto a asumir tales riesgos, con todos sus costes, habrá que afinar más en las elecciones de Ministro. De hecho una de las virtudes de los partidos políticos es que permiten que en su seno los cuadros y líderes puedan fogearse durante algún tiempo, acumulando experiencias y capacidades y dando muestras de una voluntad de compromiso que permita confiar en ellos de manera inequívoca. Además, cuando los partidos tienen una rica vida democrática interna los riesgos de deserción se reducen considerablemente, ya que los candidatos tienen que concurrir a procesos de selección abiertos y se comprometen desde la misma base. Por eso, cada vez soy más decidido partidario de las elecciones primarias.

En honor a la verdad es preciso reconocer también que en la dinámica de sustitución de Ministros y altos cargos no es infrecuente que se cometan errores y se produzcan reemplazos que no siempre son a mejor, o que no quedan bien explicados, no tanto desde el punto de vista de los interesados – con los que debe tenerse una exquisita cortesía – como desde la perspectiva de los electores, que son la referencia prioritaria y ante los que se debe mantener la coherencia necesaria y la máxima capacidad explicativa.

Por lo tanto ni hay que dramatizar en exceso, ni minimizar lo ocurrido. Pero hay que aprender la lección.