El veterano e incansable Jean Becker se coloca tras las cámaras para dirigir “Mis tardes con Margueritte”, adaptación de la novela “La tête en friche” -algo así como “la cabeza sin cultivar”-, de Marie-Sabine Roger. Si nos deleitó con “Conversaciones con mi jardinero” ahora nos presenta una historia sencilla pero muy conmovedora. El encuentro fortuito de dos almas aparentemente distintas que se cruzan de manera tan inesperada como definitiva. Una delicia de película para ver en compañía.

Germain (Gérard Depardieu) pasea por el parque cada día y cuenta las palomas. En uno de sus paseos conocerá a Margueritte (Gisèle Casadesus), también asidua observadora de las aves. Germain llega a describir a Margueritte como una anciana de apenas cuarenta kilos, tan frágil como una delicada figurita de cristal. Pero bajo esa quebradiza apariencia hay una persona todavía llena de vida, culta y muy curiosa, una apasionada lectora, algo que fascina a Germain, quien reconoce un tanto avergonzado que leer no es lo suyo. A diferencia de otras personas que ha conocido a lo largo de su vida, Margeritte no se burla de su incultura, al contrario, lo anima al cambio y a buscar en la lectura aventuras y reflexiones apasionantes. El encuentro con Margueritte anima a Germain, le da impulso y le proporciona una nueva energía. A través de la lectura se descubre a sí mismo y se va transformando en alguien más libre y seguro.

En ambos protagonistas se desarrolla un cambio, pero especialmente profundo en Germain. Transformación plasmada con gran acierto en la película, de forma natural y convincente. Becker con su maestría y la serenidad que nos tiene acostumbrados, nos narra con soltura y precisión esta emotiva historia. Un canto por la vida en plenitud.

7 de octubre de 2010