En España se están perfilando dos modelos educativos y sociales distintos y desiguales. Así se desprende de los recientes datos aportados por el INE sobre el gasto en Educación en España en relación al Producto Interior Bruto, donde se aprecia que hay Comunidades como Extremadura (5,64%), Castilla La Mancha (4,77%) o Andalucía (4,54%) que se encuentran a la cabeza en gasto educativo, situándose por encima de la media nacional (4,41%). Es significativo que la Comunidad de Madrid se encuentre a la cola, siendo la que menos proporción del PIB dedica a la Educación, sólo el 2,72 %. A este dato hay que añadir el agravante de que el Gobierno que preside Esperanza Aguirre desvía cada vez más recursos a la enseñanza privada y concertada en detrimento de la escuela pública.

La deriva desigualitaria que se está produciendo en relación al gasto en Educación es preocupante, porque desasistir la Educación, -y especialmente la escuela pública-, es contribuir a la persistencia de la dualidad social, apostando por un modelo de sociedad poco cohesionado, sin plenas oportunidades para todos y profundamente clasista. La Educación constituye un antídoto contra la exclusión social y la pobreza, como se comprueba en la información que acaba de aportar el Instituto Nacional de Estadística en la última Encuesta de Condiciones de Vida. Las familias españolas donde los progenitores tienen mayor nivel de formación tienen menos riesgo de caer en la pobreza, ellos y sus descendientes. La encuesta recuerda que, cuando el padre tiene una educación superior el riesgo de pobreza de los adultos entre 25 y 65 años es sólo del 7,6%, mientras que en las familias en las que el padre tiene una educación primaria o inferior este riesgo asciende al 17,7% ( dos veces y media más).