La Fundación Caja Madrid y el Museo Thyssen-Bornemisza, han colaborado una vez más engrandeciendo la oferta cultural madrileña.

Es una exposición en la que podemos observar el conjunto de la obra más representativa de Modigliani, y como dice el Conservador Jefe del Museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana, la que es susceptible de garantizar como verdadera, pues la obra de Modigliani cuenta con una vasta incorporación de falsificaciones.

Modigliani, italiano de nacimiento, a caballo entre finales del siglo XIX y principios del XX, (1884-1920), con la Gran Guerra, en medio de su actividad más importante, desarrollada en París a partir de 1906 y hasta su muerte.

Casi todos conocemos su obra centrada en el retrato y el desnudo, pero esta exposición nos descubre dos aspectos interesantes, la escultura y el paisaje, bien es verdad que esta última faceta muy limitada y prácticamente sin desarrollar, aunque con una sensibilidad extraordinaria.

Nos vamos a encontrar con una exposición claramente dividida en dos bloques: en el Museo Thyssen encontraremos a Modigliani con sus maestros Cézanne, Gauguin, Toulouse-Lautrec, Munch y Picasso, en Sala de Alhajas de Caja Madrid veremos al artista con sus amigos de Montparnasse, entre otros Chagall, Kisling, Foujita, Lipchitz, etc.

En la obra de Cézanne, en particular, Modigliani vio ratificado su interés por los maestros antiguos sin renunciar a un lenguaje plenamente moderno.

Una parte interesante de la exposición, referida a su obra escultórica, está en ambas sedes. Se puede apreciar como el arte africano fue un revulsivo en sus esculturas, algunas de ellas inspiradas en máscaras africanas.

En Modigliani se da una circunstancia especial, es un artista que no ha gozado, tal como dice Solana, “de las bendiciones de la historiografía académica”, es sin embargo, “un héroe popular”.

Pero volviendo a la exposición, en la que la obra que aparece la obra a partir de 1906, es decir a partir de su llegada a París.

Es importante el dato, poco conocido, que el artista a lo primero que se dedica es a la escultura, vocación muy vinculada a Brancusi, quien le influye en la necesidad de trabajar directamente la piedra. Problemas en sus pulmones hacen que tenga que abandonar esta experiencia, que por otra parte dejará una impronta fundamental en su paso hacia la pintura.

Esta impresionante exposición de un artista popular y a la vez desconocido, es una muestra más, y van diez, del importante “matrimonio” cultural nacido hace cinco años entre la Fundación Caja Madrid y el Museo Thyssen-Bornemisza. Merece la pena “perderse” unas horas con Modigliani, sus maestros y sus amigos.