La anterior es una historia real. Por si alguien quiere comprender lo que sigue además de leer. Los indecisos son la falsa noticia electoral. Están en el papel principal desde 1992. Cuando aún los analistas demoscópicos atribuían todos los movimientos electorales a las transferencias entre partidos y minimizaban las abstenciones selectivas o los incrementos de participación de nuevos votantes. Pasen a la hemeroteca y lean El País, El Mundo y demás periódicos de aquel entonces. Y los indecisos no son cualquiera. Son de izquierdas. Cualificados políticamente. Al pertenecer realmente a una ideología, una forma de ver el mundo, para ellos los partidos y líderes políticos giran en el cielo y cambian. A veces un cataclismo o un cambio climático les llevan o les traen. Pero no están ahí para ti. No cuando quieras, no como quieras. Son profundamente alérgicos a la manipulación. Llegada la campaña electoral dirán como el ángel caído “Non serviam”. No serviré. Para nada. A nadie. Y en el PSOE, sin ellos no hay partido. Nunca lo hubo antes ni lo habrá después. Y aquí está el quid de la cuestión. Hace meses que aparece al inicio de las noticias políticas “emplazamiento publicitario”. Dime lo que digas, se lo que quieres.

Parar, templar, torear. El vídeo de la “chacha” fue un acierto. No es tan sutil como “el roto”, pero el planteamiento es el correcto: es el indeciso quien debe pensar por sí mismo y concluir. Lo que concluya. Queda por ver si ha sido una “serendipia” o están en el camino correcto. Zapatero entona el mea culpa en un mitin gallego junto a su amigo el “sacristán”. Malo. En cualquier caso, ahora le toca al PSOE ir de Cireneo. Espero que alguien les envíe un manual de “agenda-setting”. O que decidan dejar de ayudar a Rubalcaba. A este último le deseo lo mejor y que encuentre la mosca.

Y es la gloria del PP. No solamente por la fijación a siglas de su electorado nacional. Es porque en el PP siempre dicen lo mismo o nada. Más fuerte o más claro. Pero no confunde. Eso sí, después hace lo que no dice. Pero las contradicciones de dicho y hecho son menos mortíferas que las del dicho. Al menos en esta sociedad de la comunicación sin información. Por eso, coherentes ellos, escriben un programa electoral tan vago como Rajoy.

Metroscopia publica en El País una encuesta efectuada entre el 24 y el 27 de octubre. En la estimación de voto, otra voz más en el coro de “arriba, abajo que al PSOE le he visto el refajo”. Todas van de lo mismo. Que si catorce, que si quince, que si trece, que si dieciséis. Ayer leo que dicen que dicen que el CIS bajará a once la diferencia. Y me da que esto va de ONCE. Interesante es la pregunta sobre Rajoy/Rubalcaba “tiene un plan claro y que sabe a dónde va” o por el contrario “va improvisando sobre la marcha según vienen las cosas”. Pregunta de difícil desambiguación. Lo que, a pesar de cualquier manual sobre como escribir una buena pregunta en una encuesta, le da un valor añadido. Para los dos, sobre el 60% van improvisando (que es gerundio). Lo mejor es cuando les vemos las ligas. Un 80% de la intención votante del PSOE cree que Rubalcaba “improvisa sobre la marcha”. ¿Y Rajoy? Un 81% de la intención de voto al PP cree que Rajoy “improvisa sobre la marcha”. Muy español. Y eso que hablamos del gobierno; futuro, pero gobierno. Lo mejor para el final. Considerando la opinión de los votantes del PSOE, el 49% opina que Rajoy “tiene un plan”. Y viceversa. El 64% de los votantes PP cree que Rubalcaba tiene un plan. Es la opinión mayoritaria entre los votantes de los dos partidos: el otro tiene un plan. Hay dos opciones que, como el cóctel de James Bond, andan mezcladas que no agitadas. Estarán los que creen que el otro tiene un plan de gobierno y los que piensen en un plan secreto para alcanzar lo que quieren (el gobierno). En cualquier caso, nuestro coctel electoral de voto decidido está compuesto por votantes que prefieren la improvisación propia al programa ajeno o que frente a la espontaneidad de sus lideres (Rajoy/Rubalcaba) creen que hay un plan oculto de los otros (Rajoy/Rubalcaba). El voto mayoritario va de espontáneos o paranoicos. Una de dos o las dos. Como se decía en mi época, “qué mal rollito”.

También hablan, y mucho, de escaños. Pero eso sí que es campaña. Las muestras de la mayoría de las encuestas son insuficientes para estimar el voto provincial. Con menos de 25.000 entrevistas todo lo que se diga es tocar a Mozart con un tantán. Y por último, volverán los indignados a Sol. Más puntuales que las campanadas de fin de año. Pero mejor no volverse paranoico con los espontáneos. Digamos como Pascal que “el corazón tiene razones que la razón ignora”. Vaya. Han vuelto las moscas.