Escuchar al Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy decir en el Parlamento de la Nación que “los españoles no podemos elegir si hacer o no sacrificios. No tenemos esa libertad”, es poner en suspendo nuestras reglas democráticas, e intentar no responsabilizarse ante los ciudadanos de unas medidas que son decididas política e ideológicamente por él, con la potestad y legitimidad que le dieron los españoles con su voto en las últimas elecciones.

Repetir una y otra vez frases del tipo “no hay más remedio”, “es lo que hay que hacer”, aunque no es lo que me guste, es mentira. Rajoy sí tiene libertad para decidir, y ha decidido empobrecer a la población española y aumentar las desigualdades, mientras beneficia a los que más tienen.

¿Por qué no ha anunciado que aumenta los impuestos a los ricos? ¿Por qué no ha quitado deducciones a las empresas para aumentar los ingresos? ¿Por qué no establece el IBI a la Iglesia? ¿Por qué no repone el impuesto de sucesiones? ¿Por qué no lucha contra el fraude fiscal que algunos cifran en más de 60.000 millones de euros? ¿Por qué no realiza políticas de crecimiento que generen empleo? Simple y llanamente porque no quiere. Es un Presidente del Gobierno que actúa al servicio de las elites económicas y políticas internacionales y nacionales. Un ejemplo, el sueldo medio de los consejos del Ibex en 2011 fue de 7,5 millones de euros, un 5% más.

Estamos ante una crisis económica, institucional, y también moral, porque se puede decir una cosa y hacer la contraria sin ningún coste. Un martes, el ministro De Guindos afirma que el nuevo plazo del déficit no supone contrapartidas, y un día después aparece el ‘Memorándum de Entendimiento’, que impone 32 condiciones.

La población está sufriendo por falta de una conciencia colectiva. Todavía creen que si están callados podrán sortear este tsunami de desigualdad y sufrimiento, cuando no es así. El silencio ciudadano solo está provocando el envalentonamiento de los poderes no democráticos que nos imponen los recortes. Hay que hablar, hay que decir, hay que reaccionar, porque no decir nada puede acabar con la ruptura del contrato social, con todas las consecuencias que eso va a traer

La docilidad del bienestar está llegando a su fin. La crisis es de tal magnitud que ya no vale criticar al de al lado para intentar conseguir o conservar favores, no vale utilizar la posible amistad por interés porque, como decía Seneca, quien ha sido escogido por razones de utilidad agradará no más tiempo del que fuere útil.

Es mejor comenzar a construir una acción colectiva en el espacio público, que acabe finalmente en las instituciones. Es mejor hacer y corregir, que no hacer y arrepentirse. Es mejor avanzar un poco cada día, surfeando las inquinas interesadas y los deseos de las elites, para llegar a un bienestar colectivo que surja de una sociedad construida sobre la amistad ciudadana desinteresada.

De lo contrario sufriremos a los fieles servidores de los acontecimientos, que siempre sirven y benefician al poder.

P.D.: Un dignatario francés le preguntó a un diplomático inglés que se encontraba en la Corte de Francia en el momento en que Cromwell emprendía las acciones que terminarían con la decapitación de Carlos I de Inglaterra, si estaba a favor del rey o del futuro protector. El diplomático contestó: Yo soy solamente un fiel servidor de los acontecimientos.