Hay que comenzar a admitirlo. Estas crisis son de transición de sistema y expresan, entre otras cosas, el agotamiento de los modos de legitimación que requería el capitalismo de ámbito estatal. Entramos en los límites del sistema y todo está fuera de quicio. La sociedad postindustrial con un sector de servicios derrumbado. La sociedad de consumo sin consumo. La sociedad de la información absolutamente desinformada. La sociedad red como el chiste que siempre fue. Podríamos seguir, pero baste decir que entre las últimas novedades está, ¡ah claro!, la sociedad del riesgo. Más que teorías del cambio social eran las teorías que excretaba el cambio social. Efectos intelectuales colaterales. Siempre a remolque. Siempre detrás pero con la mano por delante. Y en el lado obscuro de la luna, el análisis que realmente ayudaba a entender la realidad desprestigiado y marginado. Las Ciencias Sociales que regresaron en los años 50 de su exilio en los USA eran doblemente instrumentales. Venían con su caja de herramientas pero sobre todo y ante todo, con su poder de legitimación. Cuando la reunificación alemana, entre lo primero que hicieron fue depurar las Ciencias Sociales de marxistas y exportar misioneros académicos de la Alemania Occidental para que explicaran como era de verdad la verdad. Que prisas. Ahora los economistas levantan banderas en inglés para defender la Cataluña cañí de Peret. Menudo número.

Las identidades sociales cada vez más borrosas y quebradas, el poder deslegitimado y la incertidumbre desbocada. “Las grandes crisis producen grandes hombres” dijo John F. Kennedy. No sé si grandes, pero entramos en tiempos de carismas a lo Max Weber. Da la impresión que serán carismas encauzados como paso previo a desbocar la historia. Es decir, insertados en un populismo que dará sus primeros pasos dentro de la institucionalidad establecida. Después querrá transformarla. Pero no solo el populismo. También tenemos los nacionalismos exacerbados, sean del ámbito que sean, que transforman en sagrado todo lo que tocan. Hay tantos modos de fabricar carisma. Hegel-Marx-Kennedy apoyan el surgimiento del carisma en la necesidad de adoración e irracionalidad de determinadas épocas. Los sueños fracasados se curan dando patadas a los demás. Y lo mejor para superar las contradicciones entre los deseos y la realidad es dar gritos. Es una constante histórica. “Johnny, la gente está muy loca”. Pues espera un poco más que se están comiendo el tarro de las esencias.

Si se pide el rescate se dañará la “marca España”. ¿De verdad que dijo tal Rubalcaba?. Me cuesta creer lo que me cuesta creerlo. (Nota mental: hacérmelo mirar. Hoy en día todo se puede creer. Como que dimita dinamita Aguirre y se suceda a sí misma con otra cara. ¿Será posible la reencarnación en vida?). En los discursos se aprecia un salto cualitativo. Ya no se habla de españoles. Se habla de España. ¿No lo han notado? Hacer lo mejor para España. Cuando se habla de España, que tiemblen los españoles. Todo por España. O por Cataluña. O por Villanueva de. Será por Villanuevas. Siempre hay una Villanueva por la que dar la vida propia y la de los demás. Es lo malo de los carismas y todo lo sagrado. Que tarde o temprano alguien se pone a romper crismas. Algunos políticos operan como si estuvieran solos. Pero hay alguien más. Y está escuchando todo con mucha atención. El símbolo ya ha hablado claro. ¿Otra vez los años 20 del siglo XX en versión siglo XXI? Cualquier cosa en este delante para atrás. Aquí todo funciona reversible: un conflicto lleva a una economía de guerra y una economía de guerra a …

Escucho con atención a O. I. Propone que Gallardón está en proceso de refundación. Cuadra. Este Gallardón preBeccaria confirma que quieren ir para atrás. Terminaremos dando latigazos al mar como castigo por los ahogados. Y qué decir de las condenas perpetuas revisables. Me asaltan dudas. ¿Creerán los psiquiatras forenses en San Pablo? ¿Puede caerse del jaco un preso en una celda sin ser toxicómano? No se. Como que no lo veo claro. Le preguntaré a Gallardón ministro cuando le encuentre y despues se lo cuento.

Por lo demás todo se simplifica: la derecha ya no es conservadora, es retrógrada. Los capitalistas han dejado de jugar al escondite y lo quieren todo ya, sin más trámites. La policia se ocupa del orden público. La iglesia católica quiere volver al Estado con pleno derecho. Dentro de poco oiremos que “una cosa es libertad y otra libertinaje”. La vieja derecha de siempre, que tan mal le sienta a los españoles y tan bien a España. Que mal rollito.