Estamos pues ante una escandalosa novedad que nos quiere imponer el PP con otros dos argumentos más: el primero, que con esta medida cumple su programa electoral. Concretamente, y es cierto, en la página 179,del Programa Electoral del PP en las Elecciones Generales de noviembre de 2011, dice en su punto 05 que “reformaremos el sistema de penas del Código Penal, introduciendo la pena de prisión permanente revisable…”. El segundo, es que es algo que solo se aplicará en casos muy graves y, además, ya existe en otros países europeos. Por tanto, no es una barbaridad porque nos homologa con Alemania, Francia e Italia, que nadie puede poner en duda por su trayectoria democrática y su defensa de los derechos humanos.

Pues bien, en cuanto al cumplimiento del programa electoral, que es algo que tendría que ser obligatorio para todo Gobierno, en este caso suena un poco a excusa pobre e incluso mofa, después de haber asistido durante el último año al incumplimiento sistemático de las promesas electorales del Partido Popular en cuestiones que han traído como consecuencia un mayor empobrecimiento de un gran número de españoles.

Dentro de su demagogia populista y su obsesión por el titular en los medios de comunicación, se les ha olvidado el pequeño gran detalle de leer la Constitución, donde esta medida no tiene cabida. O a lo mejor, estamos en un error y lo que pretenden, de manera sibilina, es distraer por una parte y forzarla situación, por otra, para quedar bien de cara a su electorado y presentarse como víctimas de una norma que les impide llevar a cabo su compromiso de “adaptarse al Siglo XXI” y “castigar los crímenes que más repugnan” a la sociedad.

El otro argumento, el que habla de equiparación con los países europeos, que tanto gusta al Presidente del Gobierno y a su Ministro de Justicia, también choca con la realidad de los ordenamientos penales de estos países. Frente a la idea que nos quieren trasladar de que en España los criminales no cumplen con penas de cárcel suficiente y es un cachondeo esto de la reinserción, los ciudadanos deben saber que en Alemania la pena de cárcel máxima no supera los quince años; en Francia, es de veintidós años el tiempo máximo durante el cual una persona no puede beneficiarse de medidas de adaptación de la pena; y en Italia, una vez cumplidos 26 años puedes quedar en libertad condicional. En España, sin este invento macabro, en la actualidad las penas máximas son de veinticinco, treinta y cuarenta años, y no existe revisión judicial periódica personal del penado. Esa es la verdad y no la que nos quieren trasladar desde el Gobierno.

Por último, frente a la política de mazmorras permanentes, que el PP pretende imponer en el nuevo Código Penal con la prisión permanente revisable, hay que recordarles que en España las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad están orientadas hacia la reeducación y la reinserción social, como establece el artículo 25.2 de la Constitución.Y, por tanto, esta cadena perpetua camuflada no cabe en nuestro ordenamiento y por supuesto en nuestras mentes.

Esto, no es una opinión solo de algunos ciudadanos. El Consejo General del Poder Judicial acaba de aprobar un informe sobre la reforma del Código Penal que pretende llevar a cabo el PP donde opinan lo mismo. En concreto dicen que “a juicio de este Consejo resulta cuanto menos dudoso que una privación de libertad potencialmente perpetua sea conciliable, en un ámbito estrictamente interno, con la reinserción contemplada en el artículo 25.2 de la Constitución. Las penas privativas de libertad de carácter temporal no excluyen el reingreso del penado al entorno social, por muy extensa que sea su duración -salvo por el fallecimiento de este último- pues en el peor de los escenarios posibles, es decir cuando el penado no obtenga beneficios que supongan un acortamiento de la condena, al menos alcanzaría la libertad finalizada la duración de la pena fijada en sentencia, o dicho con otras palabras, se reinsertaría en la sociedad una vez finiquitada la sanción impuesta, lo cual no tendría lugar cuando se le aplicara la Prisión Permanente Revisable”.

Como dice el refrán: “Blanco y en botella”. Por estos motivos, Rajoy debe dar marcha atrás y dejar que la prisión permanente, es decir, la cadena perpetua sea un mal recuerdo de siglos pasados.