Unos de los cineastas más valorados del cine actual, los hermanos Ethan y Joel Coen, no han decepcionado con su recientemente oscarizada ‘No es país para viejos’ y han recuperado en este film la calidad y originalidad alcanzadas con sus míticas ‘Fargo’ y ‘Muerte entre las flores’.

La película está basada en la novela homónima de Cormac McCarthy y se inicia cuando uno de los personajes encuentra de manera totalmente casual una camioneta rodeada de varios hombres muertos, en cuya parte trasera hay un cargamento de heroína y dos millones de dólares. Con gran temeridad por su parte, decide quedarse con el motín, lo que le convierte en la presa que se encarga de perseguir sin descanso un cazador de hombres en cuya cabeza con cabe ningún tipo de escrúpulos, un papel interpretado magistralmente por Javier Bardem.

Confieso que no me atraen en exceso las historias de sangre y violencia. Y en ‘No es país para viejos’ estos ingredientes adquieren un gran protagonismo. Lo que más ha despertado mi interés es la atmósfera que son capaces de crear los Coen a través de unos escenarios desérticos que subraya la desolación y el desamparo de unos personajes atrapados en un mundo absurdamente violento. Unos personajes que son marionetas del destino -todo lo bueno y lo malo que ocurre en la película sucede porque sí, sin más explicación que el propio azar- y a los que todo les sale mal. En este aspecto la nueva obra de los cineastas recuerda a su magnífica Fargo.

Bardem borda su papel de psicópata asesino. Aunque la impasibilidad con la que el personaje que interpreta lleva a cabo sus más terribles acciones no permite al actor demostrar todos sus registros, como si lo hiciera en otros papeles más lucidos, como el parado de ‘Los lunes al sol’ o el yonqui de ‘Días contados’, si consigue algo nada fácil: convertirse en una representación de la maldad desprovista de todo tipo de histrionismos. Aunque solo fuera por su interpretación, merecería la pena ver esta película.

También destaca un Tommy Lee Jones metido en la piel de un sheriff completamente fuera de juego, que, a punto de jubilarse, recuerda con nostalgia la época en la que su padre, también sheriff, podía andar desarmado. Su decadencia y su falta de adaptación al mundo que le rodea son la clave del título de la película. Desde luego, lo que refleja los Coen en esta película no es un país para viejos.