Cuando se habla de Esperanza Aguirre casi todo el mundo recuerda la manera (oscura) en la que empezó a “construir” su liderazgo en la Comunidad de Madrid, con los famosos diputados tránsfugas y aquella historia tan poco ejemplar que nunca se acabó de clarificar por completo. Pero dicha historia fue solo el principio del desarrollo de una forma de comportamiento que se encuentra bastante alejada de los componentes propios de una cultura y una mentalidad genuina y coherentemente democrática.

Son muchos los ejemplos de comportamientos y declaraciones que evidencian que la famosa lideresa no tiene muy claro lo que significa el Estado de Derecho ni el respeto al principio de legalidad. A veces, también cuando intenta diferenciar su posición respecto a la actual dirección del PP y pide, por ejemplo, que no se tengan en cuenta ni se acaten normativas europeas, o principios generales del derecho, o pronunciamientos de Tribunales internacionales, u otras exigencias legales.

La manera en la que Esperanza Aguirre ha salido como un torbellino a justificar, con su habitual desparpajo, el enfrentamiento-fuga que ha tenido con unos agentes municipales de Madrid, a los que incluso amenaza con perseguir en los Tribunales, es un reflejo de su escaso respeto por las normas. ¡Lo cual constituye un ejemplo terrible de falta de sentido cívico!

Desde luego, a ninguna persona con un mínimo sentido cívico se le ocurre dejar su coche por las buenas en un carril bus en plena Gran Vía de Madrid, junto a la Plaza de Callao, y salir tranquilamente a sacar dinero de un cajero automático. ¿Por qué no aparcó bien el coche?

Pero lo peor es su explicación ulterior de tal “problema” como una cuestión de mala suerte… (¡!), solo porque la pillaron los agentes de movilidad. Es decir, si no te pillan, ¿se pueden vulnerar e incumplir las normas ciudadanas porque sí? ¿Todas las normas de todo tipo? ¡Menuda mentalidad!

Los acontecimientos posteriores y el hecho de no tener o mostrar siquiera la documentación del coche, como afirman los agentes, son también exponentes de una cultura elitista trasnochada que parte de considerar que las normas y las leyes no son para los poderosos, y que unos pobres “don-nadie” no pueden retener, ni pedir la documentación a quien infringe la norma, siempre, claro está, que este “alguien” sea una persona importante y bien conocida como ella. Y todo esto se hace y se dice al mismo tiempo que se alientan y promueven leyes de orden público que permiten pedir la documentación a cualquiera, en cualquier momento y sin motivo alguno. Es decir, la ley del embudo.

El colofón de la peripecia de fuga de la lideresa, con embestida a una moto de los agentes incluida, en algunos países, por ejemplo, en Alemania, Estados Unidos ?o en su querida Inglaterra?, hubiera sido motivo de algo más que palabras mayores.

Lo peor es la sensación de impunidad que todo esto transluce y el pésimo ejemplo que se transmite a las nuevas generaciones. En definitiva, peor imposible.

A la luz de todos estos hechos, cuesta trabajo entender que algunos protodirigentes de la patronal española –algunos ya en la cárcel- promovieran en su día la candidatura de Esperanza Aguirre como líder alternativo del PP. ¿En qué estarían pensando?