Los gobernantes madrileños nos ofrecen hoy la magia de Las Vegas en la meseta castellana, pero ayer eran los Juegos Olímpicos y antes de ayer era el Hollywood de la Warner o los campos de golf repletos de jeques árabes… También ha ocurrido en Cataluña, en Aragón, en la Comunidad Valenciana… Casinos, parques temáticos, oceanográficos, huertos solares…La propia burbuja inmobiliaria partía de la ensoñación de una escalada permanente en los precios.

Pero las sociedades con economías sólidas y porcentajes altos de empleo no alcanzan el éxito con varitas mágicas o milagros de tres al cuarto. Alemania triunfa por la solidez de su industria y su sistema de bienestar. Los finlandeses no tienen casi paro, porque confiaron en su capacidad para la innovación tecnológica. El “milagro” de Corea del Sur se llama educación, educación y educación.

La superación de la crisis, la creación de empleo estable y la consolidación de una sociedad con bienestar y derechos no nos vendrá dada por los millones de un gánster del desierto de Nevada, sino mediante un trabajo serio, a partir de los factores racionales que contribuyen al desarrollo de verdad, conforme enseña la experiencia. ¿Qué factores? Los siete siguientes, al menos:

No caigamos en la trampa maliciosa de quienes quieren que elijamos entre empleo o derechos. Si quieres empleo, tienes que renunciar a tus derechos laborales y al Estado de Bienestar. No. Competitividad y derechos son las dos caras de una misma moneda. No habrá reactivación sin derechos y sin bienestar.
La planificación pública, la regulación de los mercados, el estímulo de la inversión pública y la fiscalidad suficiente deben dejar de ser los anatemas de la ortodoxia capitalista, para ocupar el espacio que les corresponde en una estrategia inteligente de recuperación.
La mejora de la competitividad no llegará vía devaluación salarial o precarización en las condiciones de trabajo. Siempre habrá alguien que nos gane en ese juego. Apostemos de verdad por la educación, por la I+D+i, por la mejora logística…
Si cada sociedad y cada economía debe buscar su auténtico valor añadido en esta economía global, confiemos en nuestra creatividad. Puestos a soñar, a imaginar y a crear, nadie nos gana. Desde el diseño textil a los videojuegos, pasando por la cultura, la creatividad es un arma cargada de futuro.
Industria. Sí, además de servicios y de construcción, impulsemos la industria. Las economías que mejor han aguantado la crisis y menos empleos han perdido han sido las economías con altos porcentajes de actividad industrial. Aquí había tradición, en Euskadi, en Cataluña, en Madrid, antes de que el ladrillo se lo tragara todo.
Aprovechemos las potencialidades sectoriales. Hay cosas que se nos dan bien y hay sectores en los que tenemos ventajas naturales. Por ejemplo las energías alternativas, y la industria agroalimentaria, y la alta cocina, y la enseñanza del castellano, y la gestión de transportes, y el cuidado de personas mayores bajo un buen clima…
Y quizás haya que ir pensando en repartir ese bien escaso que es el trabajo. ¿Realmente habrá trabajo para todos en la sociedad tecnológica? ¿Podremos seguir organizando la economía y la sociedad bajo el supuesto de que las familias han de obtener su renta del trabajo o del subsidio derivado del trabajo? Eso sí, repartir trabajo sin reducir derechos ni dignidad para las personas.

Quien lea esto podrá repetir aquello del Tenorio: “Largo me lo fiais”. Es cierto, pero a veces las “soluciones” aparentemente más rápidas se transforman rápidamente en nuevos problemas y, por el contrario, el avance lento y seguro nos acerca inexorablemente a la meta. ¿Y mientras tanto?, se nos dirá. Mientras tanto, seguir dando pasos adelante con los pies firmes sobre la tierra. Porque si algo hemos aprendido en estos años es que los saltos en el vacío no llevan a ninguna parte, salvo al agujero.