Me equivoqué. En realidad no confiaba mucho en su voluntad de rechazar lo que significan estos presupuestos. Dudaba que tuviesen el coraje de rebelarse contra quienes les habían elegido para que figurasen en las listas. Soñaba con una última posibilidad, en esta legislatura europea, de asistir a una rebelión contra las políticas de austeridad. Imaginaba que siendo para la mayoría de ellos, y así será, y lo saben, uno de sus últimos votos en el anfiteatro de Estrasburgo, iban a tirarse un farol presentándose como los defensores de sus pueblos agobiados de recortes, impuestos, paro… No arriesgaban mucho. De todas maneras, muchos de ellos, muchísimos, no van a ser escogidos por sus ‘estados mayores’ para presentarse nuevamente. Han cumplido el papel “de reserva” que se les asigna con disciplina. En una frase: ¡no se han atrevido!

La aprobación, además, ha sido masiva: ¡537 votos de 682! Una curiosa coalición de la derecha y de los socialistas. Ciertamente quienes se han inclinado ante la voluntad del Consejo de Jefes de Estados y de Gobiernos pueden argüir en favor de su aquiescencia que han “arrancado” concesiones. Los presupuestos se podrán reexaminar en 2016, se ha obtenido flexibilidad en el manejo de los fondos, se han aumentado las partidas dirigidas a favorecer el empleo de los jóvenes, la investigación, el desarrollo… Pero todo esto en unos presupuestos que para la primera potencia económica del mundo, la Unión Europea, apenas alcanzan el 1% de su PIB. Por lo tanto, todo esto es miseria. La realidad es que cuando más urge avanzar en las políticas europeas y en los procesos de integración, se escatiman y se reducen los medios económicos en un 3,7 por ciento. ¡Y esto hasta 2020!

Creímos, por las noticias que nos llegaban, las declaraciones y confesiones del FMI, la actitud del Banco Central Europeo, el acatamiento de la Señora Merkel a un salario mínimo en su país y que la austeridad ya no era el dogma indiscutible para curarse de la crisis. Pensábamos, inocentemente, que finalmente Holland empezaba a convencer sus socios europeos de la necesidad del crecimiento. El Parlamento europeo podía, rechazando los presupuestos de austeridad, impuestos por Cameron -¿cuándo saldrán por fin de Europa los ingleses?-, dar una señal fuerte. ¿Un puñetazo sobre la mesa? ¿Por qué no? La voz de Cohn Bendit increpando a sus colegas diputados de Estrasburgo es un grito más que de alarma, de dolor, que resuena en un anfiteatro que poco a poco se convierte en el mausoleo de la extraordinaria idea de la segunda mitad del siglo XX.

Peor puñetazo van a ser los resultados de las próximas elecciones europeas. Ya estarán lejos los presupuestos. Ni siquiera se comentarán durante la campaña. Pero, ¿con qué fuerza moral los partidos socialistas que han aprobado los presupuestos, es decir la Política que hoy se lleva en Europa, van a presentar una alternativa? Es como si en nuestro país el PSOE hubiera votados los presupuestos del PP. ¿Cómo presentarse como alternativa? El daño está hecho. En Francia un último sondeo pone en evidencia un masivo rechazo a Europa. Los extremos anti-Europa y las abstenciones serán ampliamente mayoritarios. El país de Jean Monet y de Robert Shuman ya no cree en Europa y la culpa de todos los males que le agobian. Seguro que es una reacción epidérmica, de enfado, de rechazo a Europa como se rechaza igualmente a la clase política. Pero, ¿hacen algo nuestros políticos para restablecer la ilusión y la confianza?

El debilísimo crecimiento que se está manifestando puede hundirse en cuanto llegue cualquier mala noticia. La actividad económica no debe tener una perspectiva muy favorable cuando el BCE baja sus tipos de interés a un nivel históricamente bajo: 0,25. ¡Casi 0! En el trasfondo continúa produciéndose un problema esencial: la falta de confianza. La falta de confianza de los empresarios, de los ciudadanos y de los Gobiernos. Ahora tenemos también la falta de confianza del Parlamento europeo. No es esta la primera crisis y no está. Pero en la Historia existieron gestos de audacia que cambiaron el rumbo de los eventos. Hoy falta confianza, falta audacia, faltan ideas.