Lo primero que hay que señalar es que el Gobierno de la derecha española se equivoca haciendo interpretaciones triunfalistas sobre la evolución de la economía española, lo que viene realizando sin sonrojo en el último año para intentar aminorar el descontento ciudadano causado por el desmantelamiento más o menos encubierto de los servicios del Estado del Bienestar, los tajos al gasto social, y las contrarreformas regresivas como la de ley de interrupción del embarazo. Lo cierto es que es dudoso que estemos entrando en el terreno de la recuperación económica mientras España no cuente con un nuevo modelo productivo que sustituya al de la construcción. Podríamos en cambio estar adentrándonos en un escenario más bien caracterizado por el estancamiento, esto es, alternancia de períodos de leve crecimiento con períodos recesivos, lo que se traduciría en oscilaciones marginales de la tasa de paro. Es curioso que el gobierno lance las campanas cada vez que baje el paro registrado, y cuando sube, diga con la boca pequeña que el dato es mejor que tres, cinco o diez años antes. Es más aconsejable la cautela y la interpretación sosegada de las estadísticas, sean del signo que sean.

Con relación al paro registrado de enero de 2014, éste se ha incrementado en 114.000 personas, una cifra considerable aunque sea cierto que este mes es tradicionalmente muy malo para el empleo. Pongamos este dato en perspectiva: el paro registrado en el conjunto del año 2013, es decir, aquel que se mide no por una encuesta sino por el número de personas que efectivamente se inscriben a los Servicios Públicos de Empleo, descendió en unos 150.000 ciudadanos. Es decir, que en un solo mes se habría perdido un 75 por ciento de lo ganado en términos de menos paro registrado a lo largo de todo un año. Es cierto que esto no prejuzga que en el conjunto de 2014 esta estadística no mejore, ya que sin duda hay meses típicamente favorables para el empleo como la temporada turística, pero la comparación debe dar una idea de la fragilidad del mercado de trabajo en España. Además, hay que tener en cuenta que la reducción en el paro registrado no significa que las personas que desaparecen de la lista del antiguo INEM hayan encontrado un puesto de trabajo, ya que hay trabajadores que emigran o cesan en su búsqueda de empleo. El dato más fiable por tanto es el de la Encuesta de Población Activa (EPA), ya que se basa en un muestreo y no en si la persona se ha molestado en registrarse como demandante de empleo, lo que por cierto hay que renovar periódicamente. Esta encuesta es trimestral, por lo que habrá que estar muy atentos a los datos que ésta revele en abril con respecto al primer trimestre del año. Lo que es evidente es que la evolución del paro registrado en enero no es un buen augurio.

En tercer lugar, el dato sobre las modalidades de contratación es realmente pavoroso. El 92 por ciento de los contratos de trabajo firmados en enero son temporales, lo que es consistente con los datos de 2013. Esto no es solamente un indicador de la mala calidad del empleo que se está creando (en términos brutos, ya que en términos netos se siguen destruyendo puestos de trabajo) sino que además advierte que no estamos construyendo un modelo productivo basado en la investigación y el desarrollo industrial donde predomina el contrato indefinido frente a la temporalidad más típica del sector servicios. Lo más llamativo, con todo, es que el Gobierno del Partido Popular introdujo una reforma laboral para abaratar el despido e incentivar la contratación, y sin embargo los contratos indefinidos representan un porcentaje verdaderamente marginal. Si se facilita la extinción de la relación laboral, no tendría sentido que aumente la contratación temporal. Una de dos, o el despido no era tan rígido como argumentaba la derecha antes de la reforma, o las empresas no están seguras de que deban ampliar plantillas con carácter indefinido ante una demanda interna todavía bajo mínimos, o una combinación de ambos factores. Lo que parece claro es que sin una potente política industrial y de crédito público seguiremos por muchos años con una tasa de paro insoportablemente elevada.