Muchos viajeros se sumergen en un aislamiento, en ocasiones total, pues escuchan música en aparatos de última generación y pierden la capacidad de estar conectados a los acontece a su alrededor. Suelen ser personas jóvenes y de mediana edad, tal como sucede en países como Estados Unidos, en donde según se comentaba en un estudio del año 2010 de Nielsen, «el 62% de los usuarios de móviles de 25 a 34 años tiene un teléfono inteligente (teléfonos móviles y tabletas) y el 54% entre los más jóvenes (18-24 años) y los de mediana edad (35-44 años)». Es la llamada “generación app”, un sector de la población que dedica más tiempo a aplicaciones concretas (noticias, mensajes de WhatsApp, juegos, Angry Birds etc) y redes sociales (Facebook, Twitter, etc), que a otro tipo de webs abiertas como Google. Por hacernos una idea de la intensidad del fenómeno, según la consultora IDC, en 2011 se habrán descargado 29.000 millones de aplicaciones: Un salto importante respecto a las 9.000 del año 2010.

Estas tendencias reflejan la introspección en la que viven muchos de los individuos hoy en día y las nuevas ataduras surgidas en nuestro momento histórico. El manejo de las tecnologías de la información y la comunicación más punteras, como el Smartphone o la BlackBerry, se convierten en adicciones cuando se traspasan determinados límites. La Real Academia Española define el concepto de adicción como el “hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos”. ¿Qué está pasando en países como el nuestro?, ¿se puede afirmar que entre determinados grupos sociales ya existen hábitos tecnológicos adictivos?

Un informe global, hecho público a mediados de noviembre, realizado por la compañía Ericsson a partir de encuestas realizadas a usuarios de iPhone y Android en diversas zonas del Planeta, pone de manifiesto que la “generación smartphone” emplea sus móviles) a todas horas del día y bajo cualquier circunstancia, incluso cuando están cenando (32%). Son personas con un nivel de adicción tan acusado que el 38% lo pone en funcionamiento sin levantarse de la cama; el 69% en los desplazamientos; el 62% en la comida, el 60% mientras ve la televisión, tras la cena, y un 50% lo utiliza en la cama para leer sus e-mail, conectarse a redes sociales o consultar las últimas noticias del día.

Según un estudio realizado por IPSOS MediaCT Germany, presentado el pasado 27 de septiembre, España es uno de los países donde los móviles inteligentes han tenido un mayor impacto, pues el 33% de los españoles lo manejan para navegar. Navegar en mundos virtuales de datos e informaciones no siempre veraces y contrastadas , que se convierten en indispensables para un perfil de usuarios, fundamentalmente jóvenes maduros, aunque comienzan a detectarse los primeros casos de adictos al móvil e Internet entre población adulta. Los expertos estiman que entre un 5%-8% de la población es adicta a estas tecnologías.

Detrás de esta adicción se esconden factores personales, familiares y sociales, bajo el telón de fondo de una sociedad individualista que fomenta el aislamiento social, en un entorno vivencial problematizado por la actual situación económica. El control que ejercen los usuarios sobre estas tecnologías proporciona un bienestar psicológico y les permite abstraerse de sus circunstancias. La tristeza, la ansiedad, la inquietud, etc… se enmascararían momentáneamente por la satisfacción producida en la relación con la máquina y el mundo de sensaciones, de informaciones y de relaciones que aportan. Las redes sociales son el reflejo de los mundos paralelos que existen en nuestros días y de que la rapidez, la inmediatez y la falta de tiempo, característica de los ciudadanos más privilegiados del Planeta, no han sido implicado para que compartamos, nos comuniquemos y nos sintamos adscritos a comunidades identitarias.

Transgredir los límites de lo deseable y convertir el uso de estas tecnologías en un abuso conlleva perder el control de parte de la vida. Los adolescentes y las generaciones más jóvenes son más vulnerables a convertirse en cautivos de estos avances (Véase, GETS, “Internet en las familias”, Fundación Sistema, Madrid, 2008), que día a día nos sorprenden y se renuevan a un ritmo vertiginoso. Por lo tanto, es necesario que desde instancias políticas se tome conciencia de las dos caras: de esta situación: las extraordinarias posibilidades que han abierto y sus sombras. En ese sentido hay que poner en marcha estrategias preventivas para evitar las adicciones y los usos descontrolados en la vida cotidiana, en el ámbito familiar, en la escuela etc…, teniendo en cuenta los factores de riesgo y los perfiles sociodemográficos de las personas implicadas y del futuro previsible en este terreno.

Como escribió Franz Grillparzer, “las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo”, por ello convendría reflexionar hasta qué punto, por la vía de ciertas adicciones, podríamos llegar a ser verdaderos esclavos de nuestra cultura.