Por lo tanto, visto retrospectivamente, es evidente que nos hemos equivocado y que en un contexto internacional en el que las imágenes y proyecciones de fortaleza, seguridad y confianza son tan importantes hubiéramos podido hacer algunas cosas y hubiéramos trasmitido ciertas imágenes que nos hubieran venido bastante bien. De hecho, son muchos los especialistas y los líderes internacionales que piensan que los españoles no hemos sabido gestionar bien nuestra situación y que, por lo tanto, ha sido un poco inadecuada –y exagerada– la ola de desconfianza que se ha suscitado hacia la situación económica de España, en comparación con otros países europeos. ¡Y luego dirán que los factores políticos apenas influyen en la dinámica de las sociedades! Pues claro que influyen, como influye también la imagen que se proyecta y las olas subjetivas que se generan, o que se propician interesadamente. Entonces, ¿por qué se extrañaban algunos de lo que desde hace tiempo venimos sosteniendo los que proponíamos un gran gobierno de coalición? Pero, como quiera que “agua pasada no mueve molino” ahora deberíamos aplicarnos prioritariamente –y de manera constructiva– a ver cómo salimos lo mejor posible de la situación en la que nos encontramos, y que aún es susceptible de empeorar si se transmiten nuevas señales de desencuentro y si se dan nuevas disfuncionalidades políticas en la gestión de esta crisis, que en nada favorecerán la buena imagen de España.

De cara a “futuros probables” tampoco deberíamos perder de vista en estos momentos la eventualidad de que podamos vernos sometidos a nuevas incertidumbres y presiones internacionales a causa de nuestra imagen de debilidad (real o exagerada) y de las fuertes divisiones internas en las que nos encontramos. ¿En qué escenarios posibles? Desde luego, no hay que tener mucha imaginación para aventurar nuevos escenarios de riesgo, máxime si se leen con atención los trasfondos de determinados mensajes que se están emitiendo desde países norte-africanos.

Por ello, puestos a ser refraneros, amén de recordar que “a perro flaco todo se le hacen pulgas”, convendría tener en cuenta que “más vale prevenir que lamentar” y que la recuperación de una razonable imagen –y realidad– de seguridad y fortaleza interna es el mejor antídoto frente a las eventuales tentaciones inoportunas de aquellos que estén pensando en aprovecharse de las circunstancias. De ahí que a las razones retrospectivas y actuales para la “conveniencia” de un gran acuerdo político, puedan añadirse a no muy largo plazo nuevos argumentos de bastante trasfondo geo-estratégico. Sería bueno, pues, recordar la historia y estar dispuestos a operar con más sentido práctico y visión de Estado.