Si supiera alemán, o si hojeara más a menudo las páginas de Deportes de los diarios, hubiera reparado en que el periódico germano de mi compañero de vuelo no hablaba de Florentino Pérez en su calidad de Presidente de la constructora ACS, sino de otra entidad de mucha mayor fama internacional, el Real Madrid. Con el fichaje de Cristiano Ronaldo, por el que el club blanco pagará 96 millones de euros al Manchester United, Pérez ha conseguido convertir el fútbol español en el más endeudado de Europa. Hasta la fecha lo era el británico, con una deuda bancaria de 3.674 millones de euros, seguido del español, con unos pocos millones menos. Con el fichaje del polémico jugador luso, el Reino Unido reducirá deuda, que pasará a España. Si se le añaden los 200 millones restantes que Florentino Pérez tiene anunciado invertir en más fichajes, además de los que presumiblemente realizarán otros clubes, el fútbol español puede superar los 4.000 millones de euros de deuda bancaria. Uno de los agravantes de la deuda del fútbol patrio es que más del 17% – 607 millones de un total de 3.450 millones- corresponde a la Hacienda Pública. Es decir, que los clubes no cumplen siquiera sus obligaciones fiscales.

Mientras en España se publicitan los multimillonarios fichajes de Pérez con signos de admiración y con una profusión de fórmulas contables de cómo amortizarse al estilo de la cuenta de la vieja, la prensa extranjera no da crédito a las cifras. El debate futbolístico-económico-ético de la locura de los fichajes del fútbol traspasa cualquier asunto económico. Indagando por la red, compruebo que el Financial Times ha dedicado en los últimos días numerosos artículos a los fichajes madridistas. En todos predominaba el asombro por la cifra y, sobre todo, criticaban estos alardes en momentos de crisis mundial.

No soy madridista, pero si lo fuera hubiera preferido que mi club saldase su deuda en lugar de seguir “comprando” jugadores, por muy galácticos que digan ser. Más que nada, porque la deuda la tienen conmigo y con todos los españoles. Si toca apretarse el cinturón en momentos de crisis, nos toca hacerlo a todos, por mucho que el calzón futbolero se ajuste con elástico y no con hebilla.