La OTAN no presenta una hoja de servicios ‘fuera de zona’ intachable. En el Pentágono no se disimula la decepción por esta ‘ampliación de horizontes’ de la alianza occidental, políticamente clave de la contención antisoviética en la guerra fría, aunque militarmente un brazo subsidiario del poderío norteamericano. El que fuera Secretario de Defensa de Estados Unidos con Bush hijo y con Obama, Robert Gates, fue muy crítico con la OTAN en su despedida del cargo, por la débil voluntad política de sus líderes, la escasa capacidad de movilización de efectivos y la rácana aportación de fondos a las guerras que Washington ha librado estos últimos años contra el enemigo de este comienzo de siglo (el «terrorismo islámico») o residuos seleccionados de enemistades antiguas (Gaddaffi).

Reprochan políticos, militares y académicos norteamericanos a sus socios de la Alianza que no fueran capaces de hacer un mayor esfuerzo en Afganistán, en los momentos más álgidos de la resistencia de los talibán, donde nunca superaron los 40.000 efectivos, frente al millón de soldados estadounidenses. O que en Libia todos votaran a favor de la intervención para ‘defender’ al pueblo (oficialmente, aunque en la práctica se tratará de acabar con el coronel Gaddaffi) y menos de la mitad de los miembros aportaran algún recurso y aún menos de un tercio participaran en los ataques aéreos.

En la comunidad política, militar y académica siempre hubo reticencias sobre esta ‘externalización’ de la OTAN. Un portavoz destacado de esta línea de pensamiento es Michael E. Brown, profesor de relaciones internacional de la Universidad George Washington. Según su visión, los líderes occidentales cometieron tres grandes errores de juicio: uno, que Rusia iba a ser una nueva potencia «benigna»; dos, que Moscú iba a aceptar la ampliación de la OTAN sin recelo; y tres, que la organización político-militar iba a sacar provecho de sus misiones ‘fuera de zona’. Nada de esto ocurrió.

La desconcertada Rusia de los primeros años del post-sovietismo ha evolucionado hacia un nacionalismo reivindicativo (expansivo, para quienes ven en Crimea sólo el principio de futuras operaciones de ‘recuperación territorial’), provocado por la sensación de cerco que les produjo la ampliación hasta sus mismas puertas o los ‘engaños’ de la operación libia.

RECONSIDERACIÓN ESTRATÉGICA

Llegados a este punto, lo que procede ahora es ‘volver a los orígenes’ según Brown y otros expertos. El objetivo, propone Brown, sería una nueva «consideración estratégica», basada en los siguientes pilares:

-Reconocimiento de que Europa aún afronta amenazas de seguridad inter-estatales;

-Necesarias respuestas (militares, policiales, cibernéticas, de inteligencia y diplomáticas) para contrarrestar las nuevas y encubiertas formas de agresión de Rusia (provocaciones, propaganda, apoyo local, ‘ciberataques’, fuerzas especiales enmascaradas y muy bien preparadas)

-Elaboración de una estrategia a largo plazo para tratar con Moscú.

Algunos de los principales jefes militares, en activo o ya en la reserva, han lanzado globos-sonda sobre el conveniente redespliegue de la Alianza para restaurar la contención del peligro ruso (antes soviético). Uno de ellos ha sido el Almirante Stavridis, anterior comandante de las fuerzas aliadas en Europa, quien tras lo que calificó de «toma de Crimea», hizo unas recomendaciones operativas en un artículo para FOREIGN POLICY (2).

De momento, la respuesta se ha limitado a la imposición de sanciones que pueden hacer daño a Moscú, pero que se contemplan con renuencia europea, que se convierte en rechazo indisimulado en los sectores económicos, comerciales y financieros. Se saben de sobra las razones. Europa es el principal socio comercial para Moscú: cerca del 40% del valor total, catorce veces más que Estados Unidos. Sólo las inversiones de empresas alemanas en Rusia igualan el valor de los intercambios comerciales ruso-estadounidenses. Lo más significativo es la dependencia energética (gas), ya que supera el tercio en países como la propia Alemania o Italia, pero es absoluta para Finlandia o los vecinos bálticos. Algunas empresas de energía europea tienen intereses compartidos con Rosneft, la compañía estatal rusa y han expresado alto y claro su oposición a las sanciones, junto con firmas de otros sectores productivos clave.

La respuesta militar ha sido aún más cautelosa que la económica o diplomática. La OTAN, desde abril, ha comenzado a reforzar la defensa de los países limítrofes con Rusia y la vigilancia aérea de los Estados bálticos. Se procederá pronto al despliegue de más barcos y también en el Báltico y en el Mediterráneo oriental. Estados Unidos posicionará cuatro compañías de paracaidistas (600 hombres) en unos ejercicios conjuntos a realizar en Polonia, uno de los aliados que más abiertamente ha reclamado medidas suplementarias, aunque no lo hiciera formalmente en la reciente reunión del consejo de ministros exteriores de la Alianza. El jefe militar de la OTAN, el general norteamericano Philip Breedlove, ha aprovechado la situación para formular la recurrente reclamación estadounidense a los socios europeos: que aporten más dinero y más efectivos.

Expertos militares han tenido mucho interés en resaltar lo que consideran «alta competencia rusa» exhibida en las operaciones especiales ejecutadas en Crimea. Consideran que Moscú ha mejorado muchísimo sus fuerzas de élite, en preparación, dotación, logística, inteligencia y, lo que más asombra, en concepción o doctrina. Las fuerzas especiales supieron realizar acciones encubiertas con gran eficacia, profesionalidad y seguridad, desactivando la resistencia de Ucrania de forma rápida, efectiva y completa.

Que el «éxito» ruso en Ucrania sea merecedor de un esfuerzo militar europeo es, sin embargo, muy dudoso, debido a la persistencia de la crisis. Pero, aún más, seguramente tampoco resultaría políticamente conveniente, si tenemos en cuenta que, exageraciones aparte, la amenaza rusa a sus vecinos no deja de ser un ejercicio especulativo de políticos radicales, militares más o menos celosos de su misión y académicos de mentalidad conservadora y/o belicista.

(1) NATO’s Biggest Mistake.The Alliance Drifted From Its Core Mission — And the World Is Paying the Price. MICHAEL E. BROWN. Foreign Affairs, 8 de Mayo de 2014

(2) NATO Needs to Move Now on Crimea.Action may provoke — but so does doing nothing. JAMES STAVRIDIS. Foreign Policy, 1 de Abril de 2014.

(3)Russia Displays a New Military Prowess in Ukraine’s East. MICHAEL R. GORDON. New York Times, 21 de abril de 2014.