Aunque parezca mentira, en la vida política actual, dominada por el afán primordial de presencia mediática, se ha llegado al extremo de utilizar sistemáticamente esta forma de comparecencia pública mediante la que algunos líderes mantienen una presencia regular en los medios de comunicación, aparentando que hacen declaraciones y que formulan análisis y propósitos políticos, pero sin comprometerse a nada concreto. De hecho, la “blablalogía” se ha convertido en un auténtico “arte” –con perdón para el sentido preciso de la expresión– que intentan utilizar con verdadero empeño algunos líderes políticos especializados en la supervivencia y la permanencia indefinida en puestos de responsabilidad. De ahí la sensación que tienen muchos ciudadanos de que, a veces, la política tiende a quedar reducida a pura “palabrería”.

Algunas personas, que no se hayan molestado en reparar mucho en esta tendencia, se sentirán inclinados a pensar inicialmente que en esta ocasión estoy exagerando y que es imposible “hablar y no decir nada”. Esto sólo lo hacen algunos humoristas con finalidad de provocar la hilaridad en el público, pero nada más –podrían decirme–. Sin embargo, si observaran con detalle lo que ocurre en determinadas esferas de la vida política, y si tomaran nota con precisión de lo que dicen algunos líderes se darían cuenta de que están equivocados.

Podríamos poner bastantes ejemplos de las posibilidades prácticas de la “blablalogía”. Imaginemos a alguien rodeado de periodistas y de cámaras de televisión que, con aire solemne y con silencios bien pensados para generar expectación, nos dice en relación a un acontecimiento importante que está generando bastante atención mediática: “Nos hemos estado reuniendo y hemos mantenido intensas y largas conversaciones con las distintas partes concernidas en unos y otros lugares…, por ejemplo, ayer hablamos con… y esta mañana con… (se pueden mencionar nombres diversos para “dar” más nivel a las declaraciones)… Se está haciendo un esfuerzo de diálogo sincero y abierto, en el que estamos poniendo todo el empeño, a veces con conversaciones que se prolongan hasta altas horas de la madrugada, buscando intensamente puntos razonables de aproximación y procurando abrir perspectivas constructivas…, que permitan tener esperanzas fundadas en que las cosas evolucionen en una dirección positiva para todos…, evitando que se vuelvan a repetir errores y problemas… que en nada benefician la situación…”. Y así se podría seguir. Pero, ¿qué se está diciendo? Nada en concreto.

Intercalando silencios oportunos en las peroratas y utilizando convenientemente la expresión gestual, con sonrisas de satisfacción o con expresiones severas, según proceda, con inclinaciones de la cabeza y movimientos precisos de las manos, es posible, incluso, que algunas de estas intervenciones puedan parecer creíbles y razonables. Por eso algunos líderes se han acabado especializando en esta forma de proceder, tan práctica y tan poco peligrosa y erosiva.

¿Alguien piensa que estoy exagerando? Si lo hace, mi sugerencia es que repase las noticias de prensa, radio y televisión de los últimos días y, si lo hace de manera exhaustiva, incluso tendrá la oportunidad de encontrarse con las declaraciones que yo he incluido entrecomilladas dos párrafos más arriba y que no son, ni mucho menos, una invención humorística.