Viene a cuento esta reflexión debido al reciente premio que ha concedido un jurado internacional a los Informativos de TVE, como al mejor programa informativo del mundo. Lo cual es algo para congratularse sinceramente como españoles, si no fuera porque se trata de un informativo que apenas ha sido apreciado en España. ¿Cómo es posible –podríamos preguntarnos– que un programa que es considerado tan excelente en el mundo no haya merecido distinciones similares en España? Es posible además que algunas personas más exquisitas –o pedantes– se intenten informar habitualmente a través de los programas de la CNN o la BBC u otros canales que se pueden seguir gracias a las tecnologías modernas, sin caer en la cuenta de que en nuestra propia lengua disponemos de un programa que es merecedor del máximo reconocimiento internacional, incluso por encima de las antedichas cadenas de prestigio.

Este premio nos remite a los antecedentes de dicho espacio informativo en la segunda cadena, donde varios profesionales que ahora lideran este espacio realizaron durante años un excelente “telediario”, que apenas tenía audiencia. Para más INRI, hay que recordar que en nuestro país no es infrecuente escuchar bromas sobre la segunda cadena pública, a la que se califica, entre risas, como una cadena “tan culta y apreciada, como minoritaria” –se dice.

El problema es que esto es sólo un ejemplo del “paletismo” que aun se hace notar en determinados círculos españoles. Incluso en el ámbito universitario se considera “automáticamente” más meritorio, por los comités de evaluación, publicar un artículo en inglés, aunque sea una porquería objetivamente y aparezca en una revista internacional de tercera fila, que hacerlo en una revista española de suficiente calidad y nivel de difusión. E igual ocurre en lo referente a estancias de ampliación de estudios, que se puntúan en mayor grado si se trata de lugares del ámbito anglosajón, al margen de criterios objetivos de calidad y de aprendizaje real, sin tener en cuenta que en España también existen equipos y departamentos universitarios de prestigio donde es mucho lo que se puede aprender.

Por lo tanto, en algún momento habría que empezar a criticar con dureza tanto “paletismo”, propiciando prácticas sociales –y académicas– en las que primaran criterios objetivos y de valoración de lo propio, al menos, tanto como lo ajeno.