Esta apatía contrasta con la importancia que todo el mundo atribuye a lo que se está haciendo o se puede hacer desde Bruselas. Todos sabemos que las posibilidades de superar las dificultades financieras, de emprender de nuevo una vía sólida de crecimiento económico y de recuperar las políticas de bienestar y equidad dependen cada vez más ?a veces casi de manera asfixiante? de cómo se perfilen las mayorías en el nuevo Parlamento europeo. Después de lo que ha ocurrido en los últimos meses, esto no es “teoría”, no es una “observación etérea” sostenida solo por europeístas de pro, sino que es una realidad vivida por los ciudadanos europeos, a veces sufrida en carne propia.

De ahí lo sorprendente que resulta la apatía con la que se afrontan las elecciones europeas del próximo mes de mayo y la ausencia de debates importantes y de opciones políticas bien perfiladas y suficientemente visibles; pese a los esfuerzos que algunos realizan.

El segundo elemento extraño, casi patológico, es el empeño sistemático de determinados grupos de poder y conglomerados de comunicación social en generar una agenda política diferente a las preocupaciones prioritarias de la mayoría de la población que son, sin ningún género de dudas, el paro, la precarización laboral, las desigualdades sociales y la pobreza, conectadas a graves problemas y disfunciones económicas de fondo. Temas estos que apenas ocupan un 5% de las páginas de los periódicos, de los espacios de las tertulias y de los informativos. Muchas de las cuestiones que están mereciendo mayor atención mediática tienen que ver con problemas de “nacionalismos” (¡otra vez, en pleno siglo XXI!), de asuntos en los tribunales y de otras querellas ?a veces importantes, a veces no tanto? que no afectan directamente a los principales grupos económicos dominantes, que quedan intactos e inmaculados, a salvaguarda de estos debates. En bastantes casos, se trata de querellas y debates más bien del siglo XIX, que ya deberían estar solucionados y superados. Pero, lo cierto es que se está logrando que muchas personas hablen de estas cuestiones, a veces solo de ellas, en el contexto de un alarde general de prepotencia de una derecha cada vez más cavernícola, más contumaz e insolidaria, más apropiadora y/o liquidadora de bienes públicos y, sobre todo, más amenazante. ¡El retorno del miedo! Y la utilización de estrategias de diversión.

En tercer lugar ? sin agotar el tema?, otra patología, aún más peculiar y sorprendente, es la que se refiere a los intentos descarados de algunos círculos de poder de intentar marcar las agendas, los tiempos y los estados de ánimo de otros partidos políticos, a los que siempre han tenido como adversarios.

En este sentido, resulta curioso cómo algunos fabrican, cocinan, e incluso inventan, peculiares encuestas sociológicas de resultados improbables, cuyo propósito es intentar desmoralizar a los afiliados y simpatizantes del PSOE y llevarles a debates internos sobre liderazgos, en los que estos medios pontifican alegremente sobre quiénes son o no son más adecuados y pertinentes. Cuando se ve a determinados sectores que siempre han sido especialmente hostiles al PSOE metidos de lleno en tales debates internos y repartiendo bendiciones y excomuniones a su gusto (se supone que para alentar a los candidatos que a ellos más les convienen), no se puede sino sentir una mezcla de vergüenza e indignación.

Pero, el problema es que, a veces, la escasa o nula preparación ?o información? de algunos comunicadores y responsables de medios en materia de encuestas sociológicas les lleva a propalar a los cuatro vientos resultados de encuestas nulamente rigurosas y, a veces, prácticamente inventadas. Lo cual deja atrás el campo de las patologías para entrar en otros terrenos más peliagudos.

Ni que decir tiene que, cuando se opera de esta manera en la difusión de Encuestas “extrañas”, se incumplen sistemáticamente las normativas actuales que ?en defensa de los derechos de los lectores u los oyentes a no ser engañados y manipulados? especifican que las Encuestas tienen que ir acompañadas de las preguntas literales que se hacen, de los datos primarios directos que se obtienen y de otras informaciones técnicas que puedan permitir que cada cual sepa realmente a qué atenerse. Pero esto no se hace. Y no pasa nada.

Por ello, después de las próximas elecciones europeas ?pese a todas sus peculiaridades? habría que pedir explicaciones públicas muy serias a algunos por sus extraños cocinamientos sociológicos, o incluso por sus abiertas falsificaciones, si sus datos y pronósticos no coinciden con los resultados electorales finales. ¿O es que en este caso la transparencia y la verdad no importan?