El discurso de investidura, y las posteriores aclaraciones a los portavoces de los otros grupos parlamentario, deberían contribuir a modular las ofertas realizadas durante la campaña y abrir la reflexión sobre la última decisión de los diputados. Nada más lejos de la realidad, porque los apoyos se negocian al margen y, en este caso, el PSOE ha preferido caminar solo.

Zapatero ha comparecido así en el Congreso con un discurso sin demasiadas sorpresas -sería inaudito que quebrara la línea política que mereció el respaldo mayoritario de los españoles- conociendo de antemano la imposibilidad de romper el dibujo estratégico con el que comparecían sus oponentes en la tribuna de oradores.

Ha sido un buen discurso, con propuestas concretas, con algunos compromisos de altura que se dirigían más al conjunto de la sociedad española que a las bancadas de la oposición. En todo caso, un discurso pensando más en la eficacia ante las cámaras y los micrófonos que en la casi imposible cosecha de respaldos parlamentarios para su investidura. En ese sentido, tampoco Mariano Rajoy ha sorprendido. Después de una campaña basada en la descalificación de Zapatero tildándole permanentemente de mentiroso, no tenía más remedio que negarle toda credibilidad…aunque terminara aceptando a regañadientes la posibilidad de alcanzar algún pacto.

La estrategia diseñada por el equipo de Zapatero ha funcionado como un buen reloj. Esta legislatura será distinta, con un perceptible viraje hacia las posiciones más reconocibles históricamente en el socialismo español. Valga el ejemplo de su compromiso de mantener las conquistas sociales aún en los momentos de crisis económica, pero también la defensa de una centralidad entre aquellos que añoran una vuelta al Estado centralista y los utópicos soberanistas. Zapatero se ha expresado con la misma rotundidad, pero siempre con respeto, tanto en sus réplicas al nuevo portavoz de ERC como a Rosa Díez. Quisiera detenerme en el dialogo con la solitaria diputada de UPD, porque ha sido en ese trance donde el dirigente socialista ha ejercitado sus mejores cualidades democráticas, renunciando a la comprensible tentación de descalificaciones personales y elevando el tono de su discurso, pedagógicamente, como si estuviera midiéndose con el líder de la oposición. El famoso talante de Zapatero ha brillado justamente en su trato con las minorías -emocionante su consideración a lo que supone Llamazares- aún a sabiendas de que no iba a conquistar sus apoyos en la investidura. Pero harán falta durante la legislatura.