Tan jugosas reservas abren el apetito de quienes desean que se rebajen las cotizaciones sociales a las empresas –menos ingresos- y de quienes, por el contrario, demandan una mejora de las pensiones –más gasto-. Estos últimos argumentan que aun siendo cierto que las pensiones mínimas han mejorado un poco su poder adquisitivo, el resto, esto es, la gran mayoría, apenas lo mantienen. Pues sospechan que la cesta de la compra de los pensionistas sube más de lo que dice el IPC.

Aunque no es comparable la rechazable pretensión de reducir cotizaciones con la legítima aspiración a mejorar el poder adquisitivo de las pensiones, conviene pensárselo dos veces. El Fondo de Reserva es parte del Pacto de Toledo, cuyo objetivo es asegurar a medio y largo plazo nuestro sistema de pensiones, teniendo en cuenta, entre otras cosas, el progresivo envejecimiento de la población. Por eso lo razonable es continuar con la prudencia de estos últimos años, gracias a la cual tenemos uno de los sistemas públicos de pensiones más saneados del mundo y con más garantías de futuro.

En este contexto, inquieta que el Presidente del Gobierno haya nombrado como sucesor de Miguel Sebastián en La Moncloa a uno de los autores de un reciente Informe de la FUNCAS que defiende abiertamente que se reduzca la cuantía inicial de la pensión, que se retrase cinco años el derecho a percibirla y que todas las pensiones puedan perder cada año algo de su poder adquisitivo.

¿Qué busca Zapatero con semejantes asesores?