Las tensiones entre el mundo islámico y Occidente se mantendrán, pero también puede que se proyecten cada vez más hacia China, “cuyo materialismo de nuevo cuño, pujanza económica y ateísmo institucionalizado será un anatema para el Islam ortodoxo”, predice el informe.

El documento apunta que la clase media podría convertirse en las tres próximas décadas en una clase revolucionaria, “adoptando el papel previsto por Marx para el proletariado”, ante la creciente brecha que se está abriendo entre ella y los grupos más ricos de la sociedad.

Para 2010, más del 50% de la población mundial estará viviendo en las ciudades en vez de en el campo, lo que llevará a nuevos riesgos de inestabilidad, y al aumento de la pobreza.

Se prevé que la población mundial llegue a 8.500 millones de personas en 2035, el 98% de las cuales vivirá en los países menos desarrollados. Alrededor de 87% de los menores de 25 años vivirá en los países en desarrollo.

Según los autores del informe, las armas de pulso electromagnético podrían estar operativas hacia 2035, unos artefactos que tienen la capacidad para destruir todos los sistemas de comunicaciones en un área seleccionada. El desarrollo de armas de neutrones, que destruyen los seres vivientes pero no los edificios, permitiría llevar a cabo “limpiezas étnicas extremas en un mundo cada vez más poblado”. El uso de aviones no tripulados y otras armas permitiría la “aplicación de fuerza letal sin intervención humana, lo que desatará importantes problemas legales y éticos”.

En 2035, un revolucionario “chip de información” podría implantarse directamente en el cerebro. La presencia cada vez más mayor de tecnologías de la información (teléfonos móviles, blogs, conexiones inalámbricas, etc.) llevará, según el documento, a que los Estados, los terroristas o los criminales realicen manifestaciones relámpago, provocando de este modo un nuevo desafío para las fuerzas del orden, que deberán responder con la misma agilidad.

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