Los españoles no somos expertos en piratería: desde el siglo XIV, cuando teníamos magníficos profesionales trabajando en el Mediterráneo, no somos una potencia mundial en ese terreno, habiendo sido superados por turcos, ingleses y holandeses durante los siglos de oro del corso.

Todo eso quizás explique que, al tratar de analizarlo, especialmente si lo hacemos con la premura de la inmediatez, lo hagamos sin la profundidad del experto.

Así, ha habido quien, acordándose del Estado solo cuando truena, ha pedido protección militar para los pesqueros españoles que faenan por la zona. Hay que tener en cuenta que entre Somalia y las islas Seycheles hay una distancia parecida a la que hay que entre El Ferrol y Almería. Y hay que tener en cuenta, también que entre El Ferrol y Almería el Estado español emplea a mas de doscientos mil personas entre soldados y policías, para mantener la seguridad en el territorio. Por ello, la demanda que se hace al Gobierno español en ese sentido quizás sea excesiva.

Con esa certeza, el Gobierno español ha pedido ayuda a Naciones Unidas ya que la organización estatal que debiera ser más cercana, la de Somalia, no existe. Pero el problema es, precisamente, que Somalia tiene eso que se llama un «estado gamberro» y el control de las aguas continentales de esa zona debe hacerse desde Somalia, que es donde residen los señores de la guerra con jurisdicción feudal sobre los piratas.

Fracasados ya algunos intentos de controlar Somalia con métodos militares, parece que no muchos métodos quedan para resolver situaciones como la del atunero español que la vía de la negociación, que es la que ha empleado, al parecer, el Gobierno español. Y esa vía incluye criterios como el “do ut des”.

La prensa nos ha contado las declaraciones del padre de un marinero africano que iba en el Playa Bakio. El hombre está muy agradecido a los españoles porque dice que, si no hubiera sido por ellos, nadie se hubiera ocupado del secuestro de su hijo ya que, por ser de clase humilde, no hubiera podido pagar ningún rescate.

Parece que, de esas declaraciones, se desprende la idea que tiene este señor del célebre debate sobre el pago de rescates en caso de secuestros: el único debate es tener o no tener dinero para pagarlo.

Más complicado es el caso de nuestros propios piratas, los que viven y actúan en Euskadi. Resulta que cuando se negocia con ellos piden ventajas políticas pero lo que realmente quieren es lo mismo que los piratas somalíes, y ahora han encontrado un método adaptado a los tiempos de crisis económica como es el cobro a plazos de la extorsión a los empresarios vascos.

Aquí si que caben métodos alternativos a tener que pagar el rescate, ya que no tenemos un estado gamberro, por mas que la oposición al Gobierno haya insistido en ello durante los últimos cuatro años y, además, el territorio es mucho mas pequeño que el océano Indico. El único problema es que, mientras los piratas somalíes utiIizan la noche para huir, los etarras utilizan cortinas de humo formadas por reivindicaciones políticas arraigadas en una parte de la población vasca.