Los resultados de la Encuesta de Tendencias Sociales del año 2013 se instalan en una perspectiva similar, no en vano para el 71% de los encuestados tener un puesto de trabajo y el paro fueron también los principales problemas que está atravesando nuestro país, a distancia de la corrupción (23,8%), la crisis económica (23,5%) y la pobreza, la desigualdad y los problemas sociales (22,2%).

No es de extrañar teniendo en cuenta que según Eurostat España ostenta una de las tasas de paro, junto con Grecia, más elevadas del conjunto de los países de la Unión Europea (con una media del 10,9%) y asciende al 26,7% con datos relativos a agosto de 2013.

Acorde con estas circunstancias, la Encuesta de Condiciones de Vida 2013 del INE, hecha pública el 3 de diciembre, desveló, entre otras cuestiones de aprecio, que los hogares españoles tienen unos ingresos medios anuales de 23.123 euros, la cifra más baja de los últimos ocho años, lo que supone, una reducción del 9,6% respecto al año 2008. De manera que al disminuir los ingresos también lo hace el umbral de riesgo de pobreza que se concreta en el 21,6%de la población en 2012, frente al 22,2% del año anterior, lo cual, como veremos a continuación, no se ha traducido en una disminución de las situaciones carenciales entre la ciudadanía.

Así las cosas, el día a día de los hogares ha empeorado, pues mientras en 2011 el 13,5% de los mismos manifestaba llegar a fin de mes con “mucha dificultad”, en 2012 este porcentaje ascendió al 16,9%, más si a ésta última cifra sumamos el 19,7% de los que lo hacían con dificultad, cerca del 37% tuvieron complicaciones en su cotidianeidad. Asimismo, el 9,2% de los hogares en 2012 (8,4% en 2011) ha tenido retrasos en los pagos a la hora de abonar gastos asociados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, electricidad, comunidad,…). Es de interés que uno de cada cinco (17,9%), especialmente aquellos con un menor nivel de ingresos, no pudieran mantener una temperatura adecuada en sus viviendas en el invierno del 2012, superando en 4,3 puntos al dato obtenido en 2007, última información disponible para este indicador, o que el 16,7% sufra privaciones como no poder permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días.

En este mismo sentido, la investigación realizada por el Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales sobre Las familias vulnerables en tiempos de crisis, realizada en el año 2011, mostró que la crisis y el deterioro laboral estaban afectando a las familias con menores niveles de renta, y cómo y en qué medida habían tenido que efectuar reajustes drásticos en sus gastos focalizados, fundamentalmente hacia los considerados superfluos, como actividades de ocio y entretenimiento (19%), seguidos de los de luz, agua y gas (22%), alimentación (20%), calzado y ropa (11%). Es especialmente llamativo que se hayan restringido en los relacionados con la alimentación o la calefacción.

Por otro lado, también es sintomático, aunque todavía no representativo, que por primera vez tras una década, los usuarios que mayoritariamente en Madrid están pernoctando en algunos de los recursos municipales de la campaña de atención a personas “sin hogar”, puesta en marcha el pasado 25 de noviembre, sean españoles y que, además, nunca hayan acudido a este tipo de dispositivos, lo que confirmaría el deslizamiento de sectores sociales de la población cada vez más amplios hacia la exclusión social más extrema.

Y frente a esta realidad, que recuerda etapas de nuestra historia que creíamos haber superado, la ciudadanía se moviliza y adquiere carta de naturaleza un tipo de solidaridad de cercanía, de proximidad ante los recortes en materia social que están afectando, con especial virulencia, a los servicios sociales públicos y a los sectores sociales más vulnerables.

Los datos VI Recuento de personas “sin hogar” de Madrid celebrado el 13 de diciembre de 2012 pusieron sobre la mesa, entre diversas cuestiones dignas de aprecio, que cerca del 38% de las personas que fueron entrevistadas en la calle y en los albergues y centros de acogida municipales declararon que su principal fuente de ingresos era la mendicidad. Por hacernos una idea de la evolución experimentada en los cinco recuentos previos, se ha pasado de un 27% en el realizado en 2006, a un 23% en 2008, a un 30% en 2009 y a un34% en 2010.

Otro hecho que pone sobre la mesa esta nueva tendencia de solidaridad de proximidad no es otra que el éxito obtenido con la campaña de la “Gran Recogida”, que fue promovida por el Banco de Alimentos para el primer fin de semana de diciembre y que superó con creces las donaciones previstas en un 40%.

Ahora bien desde este modelo de solidaridad de cercanía, en cualquier caso bienintencionada de ciudadanos de a pie, sería factible dar el salto hacia un paradigma de la acción social que conllevaría, como hemos planteado en algún otro momento, riesgos asociados a la sustitución de la perspectiva de los derechos sociales y la responsabilidad pública, por la caridad y la beneficencia. Y podría conducirnos desde las sociedades tecnológicas avanzadas del siglo XXI a la oscuridad de siglos anteriores.