Por su parte, ella ha admitido que solo reclamaría un puesto en esa candidatura en el caso de que Gallardón lograra su propósito, y los mismos compañeros sospechan también que lo hace para evitar quedar en desventaja ante la mencionada carrera sucesoria. Ninguno de los dos ha esgrimido argumentos que tengan que ver, por ejemplo, con las medidas que pretendieran defender en las Cortes para mejorar las condiciones de vida de sus electores. Ha sido una batalla por el poder, el poder desnudo.

Cabe establecer otras conclusiones a la vista del conflicto. La primera y más evidente es que tanto a Aguirre como a Gallardón les importa un pito el presente y el futuro de los madrileños cuyas principales instituciones están gobernando. Tanto una como otro, tanto uno como otra, han dejado claro que contemplan la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital como meros travesaños en la escalera por la que pretenden ascender a la política nacional. A él lo que de verdad le hace “ilusión” es “ayudar” a Rajoy, y a ella lo que de verdad le interesa es frenarle a él. Ni rastro de “ilusión” o de interés por resolver los problemas de los sufridos ciudadanos de Madrid en el colapso de la sanidad, en la dificultad para acceder a una vivienda, en el déficit de escuelas infantiles, en el tráfico insufrible o la contaminación creciente. Ni un ápice de voluntad por cumplir el programa electoral comprometido.

Otra conclusión: ambos dos apuestan porque Rajoy y el PP pierden las elecciones generales el 9 de marzo. Si él considerara probable el triunfo del partido de la derecha esperaría pacientemente la llamada del Presidente Rajoy para participar en su gobierno y dar rienda suelta así a su “ilusión”. Si ella pensara que el PP puede ganar no le preocuparía tanto la presencia de Gallardón como un diputado más de la mayoría. Parece evidente que él quiere asegurarse la preciada condición de diputado para ejercer como nuevo jefe de la oposición a Zapatero. Y parece igual de claro que ella le adivina las intenciones.

Una más: Rajoy manda bastante poco en el PP. Si Aguirre veta en Madrid la candidatura de uno de los integrantes de sus “maitines”, si Camps cierra el paso a su mano derecha en el grupo parlamentario, y son varios los alcaldes que desafían su criterio de no incluir munícipes en las listas al Congreso, ¿quién hace caso a Rajoy en el PP? ¿Y quién puede respetarle como gobernante en España? Este asunto ha puesto de manifiesto también quién manda de verdad en el PP: los sectores más radicales y extremos de la derecha española, cuyos máximos referentes han sido y son Aznar, Zaplana, Acebes, Aguirre y los “federicos”.

La última: la derecha española actual solo habla un lenguaje, el lenguaje del poder, el poder desnudo. Dan miedo…