La derecha mantiene cierta ventaja en este contexto, porque las motivaciones de sus agentes y la relación entre electores y elegidos tiene más que ver con los intereses que con los valores. No es que la derecha carezca de principios, pero es algo comúnmente aceptado que el pragmatismo en su administración cotidiana suele ser mayor. La izquierda, sin embargo, es ciclotímica por definición. El motor de su discurso y de su praxis está conformado por una amalgama de valores irrenunciables, de actitudes morales insoslayables y de compromisos inquebrantables. Y la más mínima flaqueza en cualquiera de estas exigencias deviene en autocrítica y desánimo.

Cuando las banderas ondean sin mácula en lo más alto del mástil, la izquierda se muestra pletórica, henchida de emoción positiva y capaz de todo. Cuando la coyuntura o las obligaciones derivadas de un contexto determinado aconsejan un pequeño paso atrás o cierta concesión al posibilismo pragmático, el drama está servido. Por eso suele mantenerse que la izquierda es más feliz en la oposición que el gobierno. Y puede que sea más feliz, pero desde luego no es más útil.

En estos días de gestión traumática de la crisis, buena parte de la izquierda española deambula entre la incomprensión, la decepción, la resignación y cierta propensión al martirio. Unos no entienden lo que nos pasa, otros lo entienden y se deprimen, algunos bajan los brazos ante lo inevitable, y hasta hay quienes se muestran dispuestos al martirologio en nombre del interés general, “me pase lo que me pase”. Pero no es desde la autocompasión, la inacción o el “haraquiri” como se sirve a los objetivos de la izquierda, que siguen siendo los más loables y los más identificables con el interés general.

Precisamente en estos momentos de especial dificultad, el país necesita más que nunca de una izquierda en pie, activa, en forma, con las ideas claras y con una motivación a la altura de los retos extraordinarios que tenemos por delante. Si no hemos explicado bien las razones de algunas medidas, expliquémonos mejor. Si es preciso revisar planes y acomodar propuestas porque se nos ha ido la mano “posibilista”, hagámoslo ya, con determinación y sin complejos. Si es necesario hacer cambios en los equipos para ganar impulso político, cuanto antes mejor.

El socialismo gobernante ha podido cometer errores, graves y pequeños, estratégicos y tácticos. Pero si esto es cierto, también lo es que la derecha no dispone ni de la capacidad ni de la voluntad para corregirlos. Solo el socialismo gobernante puede pilotar la salida de la crisis, asegurando unas condiciones mínimas de equidad y de justicia social. La derecha quiere el gobierno para otras cosas.

Por lo tanto, más le vale a la izquierda española recuperar un estado de ánimo compatible con el cumplimiento de sus muchas responsabilidades.

14 de octubre de 2010