El protagonismo que ha tenido Polonia en la cumbre europea, debido al empecinamiento de su gobierno en dificultar el avance de la Europa política, ha sido un despropósito y un mal ejemplo. Los dos gemelos no sólo están gobernando Polonia alejados del espíritu de tolerancia y de buenas prácticas democráticas, sino que han instrumentalizado su derecho al veto para que toda Europa se ponga prácticamente a sus pies. Polonia se va a beneficiar considerablemente de su pertenencia a la Unión y va a recibir unas ayudas económicas que van a propiciar su convergencia económica con la Europa próspera y democrática con la que soñaron tantos polacos de bien. Por ello, resulta disparatado que los gemelos intenten abusar de unas reglas del juego que fueron pensadas para un marco diferente y para ser ejercidas por gobernantes prudentes y sensatos. Los gemelos sólo pretenden obtener privilegios y beneficios de una manera insolidaria, sin pensar en el interés general de Europa y en las propias necesidades de la Unión a corto y medio plazo.

El desbloqueo final del proceso político europeo es una buena noticia relativa, ya que implica un retroceso sobre lo que habíamos avanzado con la Constitución Europea. De alguna manera, supone una victoria de las minorías sobre las mayorías; lo que nunca puede ser una buena noticia. La posición del Reino Unido no es una sorpresa. El caso de Francia es distinto, no sólo por su papel histórico en la Unión y por el hecho diferencial del referéndum, cuyos resultados tienen explicaciones más complejas y, en parte, se encuentran asociados a las insuficiencias en las políticas sociales que fueron apreciadas por un sector de la opinión pública francesa. Pero, lo que los gemelos defienden sin pudor alguno son intereses egoístas y cegatos, sin atenerse a la lógica de la reciprocidad y al sentido de la prudencia que ha venido inspirando el proceso de construcción europea.

La reacción alicorta de Rajoy defendiendo y justificando la actitud retardataria e insolidaria de los gemelos debemos pensar que ha obedecido a un oportunismo interesado y poco meditado. El hecho de que España pueda quedar beneficiada indirectamente en su “peso electoral”, debido a la persistencia temporal de los criterios establecidos en Niza, oculta el fondo de una realidad más importante, no debe valorarse desde una perspectiva que ignora, o no entiende, que lo que de verdad nos interesa a los españoles es que la Unión Europea como tal vaya bien, avance, se organice y se desarrolle en lo político y en lo social. Quienes no entiendan esto no pasarán de ser políticos de campanario. La Europa necesaria en estos momentos precisa de otro tipo de líderes y de comportamientos.